El Colón desconocido: los secretos de la “ciudad oculta” a 15 metros de profundidad
2026-02-15 - 03:06
Un palo borracho fue plantado en una de las plazoletas que está entre la Avenida 9 de Julio y la calle Cerrito. La particularidad que tiene este frondoso tronco, con espinas y lleno de pájaros en su follaje, es que sus raíces nacen a 15 metros de profundidad en un patio interno ubicado en el tercer subsuelo del Teatro Colón. Sí, además de todo lo que sabemos sobre este gigante de la ópera, la clásica y el ballet, el Colón tiene este hermoso palo borracho. En medio de una tarde nublada, sus hojas verdes se asoman a la superficie de la plazoleta. A simple vista, parece ser uno de los arbustos que hay allí. Pero no. A lo largo de los cuatro pisos que atraviesa la planta hay una escalera que nace en la superficie del patio interno del Colón, que va atravesando talleres de escenografías, oficinas, salas de ensayo, el comedor del personal, estanterías con pelucas, el taller del calzado e infinidad de sectores de esta fábrica de melodías, historias fantásticas y movimientos hipnóticos. La escalera culmina en la superficie justo frente a la gran puerta de ingreso del Colón por donde circulan bailarines, músicos, cantantes de ópera y todo el personal de este teatro histórico. Tan fuera de cierto sentido común es todo en este mundo y en este submundo que cuesta pensar, imaginar que el mismo Colón se extiende bajo tierra por donde transitan miles de autos y miles de peatones que circulan -literalmente- por los techos del Colón. Es que hay otro teatro más allá de su noble arquitectura original, su esplendorosa sala, sus elencos estables, sus salones y el prestigio de las figuras que lo han habitado y lo habitan. En ese histórico edificio de 58.000 metros totales hay infinidad de recovecos, pasillos que no cualquiera pueda circular, palcos escondidos, panorámicas únicas y un subsuelo que pertenece al edificio histórico. Pero hay otro Teatro Colón del que se percibe desde la Avenida 9 de Julio o de la Plaza Lavalle porque se fue expandiendo bajo tierra. Tal vez, un Colón desconocido, pero por cuyo techo circulamos imaginando que es una vereda más, sin saber que allí debajo es donde bailarines del Ballet Estable y músicos de la Orquesta están ensayando una obra que irá a parar al gran escenario. Cuando el Colón abrió sus puertas, la noche del 25 de mayo de 1908, con una función de Aída, de Verdi, en ese momento ni autos, ni tranvías ni carruajes circulaban por los techos de sus subsuelos, que avanzan más allá del límite perimetral de su planta arquitectónica original. De hecho, ni existía la Avenida 9 de Julio, hacia donde mira