El científico que se comía los animales que estudiaba: la historia del “Club del Glotón” de Charles Darwin
2026-03-08 - 19:13
Charles Darwin, naturalista británico distinguido por sentar las bases de la teoría de la evolución, no solo dedicó su vida a estudiar animales y plantas en todo el mundo. También desarrolló una costumbre peculiar: probarlos. A lo largo de su vida, el científico degustó una variedad de especies, muchas de ellas mientras las investigaba. Esta tradición comenzó durante su etapa universitaria y continuó en sus expediciones científicas, hasta convertirse en una de las historias más llamativas de la biografía del autor de El origen de las especies (1859). El curioso “Glutton Club” de Darwin en Cambridge La historia de esta costumbre gastronómica comienza en la etapa universitaria de Darwin. Según el sitio All That’s Interesting, cuando estudiaba en la Universidad de Cambridge se unió a un grupo estudiantil conocido como el “Glutton Club” o “Club del Glotón”. El objetivo no era debatir ideas filosóficas ni compartir intereses académicos, sino probar carnes inusuales. Sus miembros se reunían regularmente para comer animales que, según describían, eran “aves y bestias que antes eran desconocidas para el paladar humano”. Durante esas reuniones, los estudiantes experimentaban con distintos platos exóticos para la época. Entre las especies que probaron se encontraban halcones y un ave zancuda similar a la garza conocida como avetoro o bittern. Sin embargo, el experimento tuvo un límite cuando decidieron cocinar un búho marrón. La experiencia fue tan desagradable que el propio Darwin describió el sabor como “indescriptible”. A partir de ese momento, el entusiasmo por el experimento gastronómico comenzó a decaer, y el club terminó disolviéndose poco después. Por qué Charles Darwin probaba los animales que estudiaba La costumbre de Darwin de probar animales que investigaba no era completamente única. Según NPR, existe una larga tradición entre algunos científicos de consumir los organismos que estudian. La práctica se relaciona con la curiosidad que impulsa a muchos investigadores a experimentar con todos los sentidos al observar la naturaleza. En ese contexto, Darwin aparece como una figura emblemática. Durante el famoso viaje del HMS Beagle, el naturalista no solo clasificó y describió innumerables especies, sino que también probó varias de ellas. Entre los ejemplares que degustó se encontraban pumas, iguanas, armadillos y tortugas gigantes. En algunos casos incluso experimentó con partes poco habituales de los animales: por ejemplo, llegó a probar el líquido contenido en la vejiga de una tortuga gigante, que describió como claro y apenas ligeramente amargo, según citó NPR. Para Darwin, la experiencia gastronómica parecía ser otra forma de comprender la naturaleza. Esa mezcla de curiosidad científica y espíritu aventurero lo llevó a probar alimentos que la mayoría de las personas jamás consideraría llevar a la mesa. Las especies que Darwin llevó a su mesa Las expediciones científicas ampliaron notablemente el menú del naturalista. Según el sitio The Fact Site, Darwin llegó a probar decenas de especies distintas a lo largo de sus viajes, muchas de ellas animales que también estudiaba desde el punto de vista biológico. Entre los ejemplos más conocidos se encuentran el puma, las iguanas de las islas Galápagos, los armadillos y las tortugas gigantes que los marineros consideraban una fuente particularmente sabrosa de carne. Uno de los platos que más lo impresionó fue un roedor sudamericano de aproximadamente 20 libras (unos nueve kilogramos). El científico describió su carne como “la mejor que había probado en su vida”. Según el sitio Gizmodo, este animal podría ser un agutí. El día que Darwin casi se come el ñandú que estaba buscando descubrir Uno de los episodios más conocidos ocurrió durante una expedición en Sudamérica. De acuerdo con el sitio History Facts, Darwin llevaba meses en el intento de capturar un ave poco conocida similar al avestruz, conocida como ñandú. El animal despertaba gran interés científico, ya que se trataba de una especie distinta a otras aves conocidas. La situación dio un giro inesperado cuando, durante una comida, el equipo de la expedición sirvió carne de un ave sin advertirle exactamente de qué especie se trataba. El naturalista comenzó a comer el plato con normalidad hasta que se dio cuenta de que estaba frente a él justamente el ave que buscaba desde hacía tanto tiempo. El científico ordenó detener inmediatamente la comida. Luego se dedicó a recoger los restos del animal: huesos, plumas y piel. Con ese material logró reconstruir parte del espécimen y enviarlo a Inglaterra para su análisis. Paradójicamente, aquel ejemplar terminó siendo conocido por la ciencia como el ñandú de Darwin.