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El bar notable que recupera sabores clásicos y anticipó la moda de los bodegones

2026-02-13 - 03:05

Durante décadas, dos galgos de porcelana –uno blanco y otro negro– asomaban su hocico detrás de la barra en el local de la planta baja del edificio que fue la vivienda de una de las familias más acaudaladas de la ciudad de Buenos Aires de fines del siglo XIX. Convertido en café en 1930 y designado “bar notable” en 1998, tras un intempestivo cierre fue rescatado para transformarse hoy en uno de los más claros exponentes de la gastronomía porteña. Uno de las estatuas –la del galgo negro– se encuentra en manos de la familia que hizo historia en el bar de la esquina de Lavalle y Callao. El blanco permanece en el local, testigo del paso de habitués como Enrique Santos Discépolo, pero también de Luca Prodan, Arturo Frondizi o Martín Karadagián. A diez años de su reapertura, Julián Diaz –alma mater junto a Florencia Capella de la nueva vida de este bar– repasa pasado y presente de Los Galgos. –Julián, ¿cuál es la historia del edificio donde funciona el bar? –El edificio se construyó en 1879, para ser la residencia céntrica de los Lezama, una de las familias más acaudaladas de la Argentina. Funcionó de esa forma unos 30 años y a principios de la década de 1910 se instaló allí un local de las máquinas de coser Singer, que en esa época era como un Apple Store donde la alta alcurnia venía a comprar sus modernas máquinas de tecnología inglesa. En el mármol de

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