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El abrazo de Milei con la casta

2026-03-08 - 03:14

Ignoran la historia o la manipulan para convencer a los convencidos. El mileísmo difundió que el histriónico protagonismo del Presidente en el discurso anual para inaugurar las sesiones ordinarias del Congreso había sido “en el estilo Churchill”. El célebre exprimer ministro británico fue un polemista incisivo, irónico y hasta hiriente en los años en que atravesó el desierto político, poco antes de conocer la gloria. Pero cuando lo nombraron primer ministro, en un momento crítico de su país, designó un gobierno de coalición nacional con sus adversarios. Y gobernó con esa alianza durante los siguientes seis años. Milei actúa al revés de Churchill; fue mucho más pacífico como legislador opositor (en los tiempos de Alberto Fernández y Sergio Massa) que en los dos años que lleva ocupando las funciones de jefe del Estado. Una información poco mencionada, pero no por eso menos grave, fue que en la sesión de la Asamblea Legislativa del último domingo Milei se peleó e insultó a opositores que las cámaras de la televisión oficial no enfocaron nunca; tampoco los micrófonos opositores estaban habilitados. Nadie sabía a quiénes había elegido el Presidente para atizar una trifulca premeditada. Las cámaras solo lo enfocaban a él vociferando contra un lado del recinto parlamentario, pero nunca mostraron a ese lado ni se escucharon sus voces. Es fácil golpear cuando el otro está maniatado. Esa manipulación de la información pública solía hacerla también Cristina Kirchner. Cualquier ideología les resulta buena a los autoritarios. Las cámaras huyeron también de otro rincón del recinto: el palco en el que estaban el principal asesor presidencial, Santiago Caputo, y el entonces viceministro de Justicia, Sebastián Amerio. Nunca los mostraron. Ese fue el primer indicio de que el otrora poderosísimo colaborador presidencial estaba por perder una batalla en su eterna guerra civil con la también poderosa hermana presidencial, Karina Milei. Tres días después, el Presidente resolvió esa disputa inclinándose hacia su hermana; ella monopoliza desde entonces la conducción del Ministerio de Justicia. Ocupó con gente propia desde el cargo de ministro hasta el de portero. El exministro de Justicia Mariano Cúneo Libarona tenía una relación personal con Milei, pero su influyente segundo, Amerio, es amigo del Caputo asesor. No hay reproches que hacerle a la gestión de Cúneo Libarona y, por el contrario, hay que destacar objetivamente su trabajo para bajar la edad de la imputabilidad y la aplicación del sistema acusatorio (que le da más poder a los fiscales para investigar los delitos) en gran parte del país. Amerio viene de una carrera judicial en la Corte Suprema de Justicia y es elogiado por los jueces y fiscales más respetados del país. Según fuentes oficiales, el exviceministro de Justicia había adelantado que su destino no era la política; por eso, firmó su renuncia en el acto. Senadores que lo escucharon en tiempos recientes aseguran que les dijo que ya tenía terminada la lista de 317 jueces y fiscales para ocupar los cargos vacantes de la justicia nacional. Los propuestos para el acuerdo del Senado (ellos necesitan solo la aprobación de la mayoría simple del cuerpo) iban a ser los candidatos que habían obtenido el número uno o dos en la lista de méritos del Consejo de la Magistratura. “No bajaría al número ocho de esa lista, como hacia el kirchnerismo”, aseguró un senador aliado. Su designación como procurador general del Tesoro, jefe de los abogados del Estado, no deja de ser, tal como están las cosas, una buena noticia. De Juan Bautista Mahiques y Santiago Viola, los reemplazantes karinistas de Cúneo Libarona y Amerio, no se puede decir lo mismo. Una primera pregunta debe hacerse: ¿es verdad que comenzó la decadencia política definitiva de Santiago Caputo? Siempre, Javier Milei había resuelto la disputa entre su asesor y su hermana dándole la mitad a cada uno. Esta vez le dio a Karina todo lo que pedía. Inmejorables versiones oficiales aseguran que Karina Milei está preocupada por el curso de las causas sobre supuesta corrupción en la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis). El extitular de ese organismo y amigo personal de Javier Milei, Diego Spagnuolo, culpó de esas prácticas corruptas, según grabaciones de conversaciones telefónicas ilegalmente obtenidas, a Eduardo “Lule” Menem, el principal colaborador de Karina Milei. El juez Sebastián Casanello procesó a Spagnuolo, pero no tuvo en cuenta esas grabaciones telefónicas porque no fueron ordenadas por un juez. Su convicción de que hubo corrupción en la Andis se respaldó en las investigaciones que hizo el fiscal Franco Picardi, quien tampoco tuvo en cuenta las conversaciones telefónicas. Esas mismas fuentes aseveraron que a Karina Milei la preocupa también la causa sobre $LIBRA, una criptomoneda promovida por el Presidente durante un tiempo corto, suficiente para que algunos ganaran mucho dinero y otros lo perdieran. Danzaron más de 200 millones de dólares. Los promotores de esa criptomoneda habrían llegado a Milei por la puerta abierta de su hermana. Felizmente para ella, las dos causas cayeron en manos de jueces dispuestos a escuchar los afligidos argumentos del poder: a Ariel Lijo le tocó el caso de la Agencia de Discapacidad, y el siempre somnoliento Marcelo Martínez de Giorgi quedó a cargo de la investigación de lo que sucedió con la criptomoneda. Ella necesitaba a alguien (o a algunos) decididos a hablar con esos magistrados. Otras voces oficiales afirman que Karina Milei quiere demostrar que todo fue una operación contra ella y su hermano, y que por eso tomó por asalto el Ministerio de Justicia. Javier Milei deslizó en sus bravatas contra el peronismo que todas esas denuncias son, en efecto, una operación política. Puede ser que haya llegado el momento en que Caputo se resigne a que la hermana presidencial ganó la batalla y la guerra, o se vaya del gobierno El problema sin solución es que nombraron a cargo de esa cartera a los menos indicados. Mahiques es hijo del juez Carlos Mahiques, que acaba de protagonizar un escándalo político y judicial cuando se supo que festejó su cumpleaños número 74 en la fastuosa quinta cuya propiedad les atribuyen a Claudio “Chiqui” Tapia y a su mano derecha (y también la izquierda), Pablo Toviggino. Mahiques era uno de los jueces de la Cámara de Casación que debía decidir en qué jurisdicción quedaba la investigación por la propiedad real de la casa de su cumpleaños. Su hijo, el flamante ministro, dijo que su padre no fue a esa fiesta. Poco creíble. ¿Por qué, si realmente no estuvo en ese festejo y en ese lugar, renunció luego al tribunal que debía decidir qué juez se haría cargo del caso de la quinta? ¿Por qué no dijo nunca nada? ¿No hubiera sido suficiente un claro desmentido de la información? Su hijo, el ministro, estuvo también estrechamente relacionado con Tapia, que llevó a la AFA a casi todo los jueces que deben investigar la corrupción y los ennobleció con cargos honoríficos. El nuevo ministro de Justicia era hasta hace poco vicerrector de la Universidad de la AFA, una creación intrépida de Tapia. Ni siquiera optó después por el disimulo. No bien lo designaron ministro, echó a Daniel Vítolo de su cargo de jefe de la Inspección General de Justicia; Vítolo venía mordiéndoles los talones a Tapia y a Toviggino por sus manejos del dinero del fútbol. Los jerarcas de la AFA se curaron del insomnio que padecían desde que Vítolo se fue del Gobierno. Mahiques hijo fue hasta ahora jefe de los fiscales de la Capital, pero en los días previos a su traslado al Ministerio de Justicia nacional nombró o ascendió discrecionalmente en la ciudad a 139 funcionarios judiciales. Cometió otra arbitrariedad: se autoadjudicó a sí mismo una licencia por tiempo indeterminado como jefe de los fiscales porteños. Nadie está seguro de su continuidad en el gobierno de Milei. “Te pueden echar por lo que hizo tu esposa, tu marido, tu hijo, tu hermano o tu primo”, describe un funcionario que siente el pavor del destierro. Ese es otro problema. Poca gente de la política está dispuesta a aceptar un cargo en un gobierno que despide funcionarios como se cambia de camisas. Un experimentado político suele decir que los gobiernos empiezan con los mejores, siguen con los amigos y continúan con lo que queda. La administración actual es la prueba de esa hipótesis. “Mahiques no es un mal tipo, pero es un rosquero incansable”, cuenta sobre el nuevo ministro alguien que lo conoce desde hace mucho tiempo. La primera aseveración está por verse, pero la segunda es cierta: frecuenta desde Karina Milei a Sergio Massa, desde el kirchnerista Eduardo “Wado” de Pedro hasta Daniel Angelici (uno de los que se encargó de la destrucción histórica del radicalismo) y desde Mauricio Macri hasta Tapia, a quien Macri detesta. Guillermo Montenegro, exjuez federal y exintendente de Mar del Plata, ambiciona desde hace 20 años ser ministro de Justicia. Nunca pudo llegar. ¿Llegará? Nadie sabe si Montenegro está ahora en Pro o en La Libertad Avanza en un país donde el transfuguismo se convirtió en una rutina. Montenegro pudo elegir la política para llegar a conducir ese Ministerio; tenía interlocutores con Karina Milei (Diego Santilli, por ejemplo) y con Caputo (Cristian Ritondo, quien tiene un diálogo asiduo con el asesor presidencial). Pero eligió otro camino, equivocado: lo patrocinaban el actual juez Ariel Lijo, viejo amigo y compañero suyo en las travesuras de Comodoro Py, y Antonio “Jaime” Stiuso, el exhombre fuerte de los servicios de inteligencia en tiempos del kirchnerismo hasta que se peleó con el kirchnerismo. Montenegro venía mal y terminó peor. El nuevo viceministro, Santiago Viola, sobrino nieto de Ricardo Balbín, de quien no heredó ni la austeridad ni la honestidad intelectual, fue abogado de los Báez en la causa llamada la “ruta del dinero K”. Ese no es el pecado, sino haber intentado con una información falsa apartar de la causa al juez Sebastián Casanello. Viola dijo que Casanello había estado reunido con Cristina Kirchner en la casona de Olivos, pero luego se comprobó que esa información no era cierta. Estuvo imputado por haber mentido ante la Justicia; es amigo de Karina Milei y apoderado de La Libertad Avanza. La casta de la casta. No fue Mahiques el que lo nombró a Santiago Viola como su segundo; fue Viola quien lo nombró a Mahiques como su jefe formal. Falta responder la pregunta sobre el destino del Caputo asesor. Funcionarios muy cercanos a Karina Milei aseguran que, a fines de marzo o a principios de abril, el asesor estará fuera del Gobierno, aunque nadie le atribuye esa información a la hermanísima. El desplazamiento del jefe de la Unidad de Investigaciones Financieras (UIF), Ernesto Gaspari, por parte del ministro Mahiques fue el primer síntoma de que empezaban a sacarle a Caputo el poder real de las cajas del Estado. La UIF maneja fondos reservados para hacer inteligencia en la investigaciones de lavado de dinero. Gaspari es, además, amigo de otro funcionario cercano a Caputo: el jefe de la SIDE, Cristian Auguadra, que es el organismo del Estado con más recursos reservados, de los que nunca se rinden cuentas. “Karina va ahora por la SIDE”, pregonan los mañaneros. La lucha interna entre las dos facciones no cesa. Santiago Caputo no se toma ni siquiera el trabajo de maquillarla en público, como sucedió cuando no le contestó un abrazo a Karina Milei. Todo se parece ya a la guerra de los Treinta Años. Pero algo cambió en las últimas horas. Puede ser que haya llegado el momento en que Caputo se resigne a que la hermana presidencial ganó la batalla y la guerra, o se vaya del gobierno y confirme las versiones que se escuchan en cualquier covacha de la administración. Están tocando las cajas del Estado que él controlaba hasta el jueves pasado. Al fin y al cabo, puede concluirse que al gobierno de Milei le importan cada menos las cláusulas de un país democrático. Su espectáculo en el Congreso agredió al Poder Legislativo. Un presidente no debe ni puede llamar “Chilindrina troska” a una diputada durante una solemne sesión del Parlamento, sean cuales sean las ideas de la diputada. Un presidente debería revisar con más detenimiento los nombres de las personas que designa para dialogar formalmente con el Poder Judicial. La falta de respeto institucional puede convertir la esperanza de muchos, que existe, en una improbable conjetura.

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