Egipto está de moda: qué significa el reseteo de coordenadas y por qué los especialistas usan este término para explicar su auge
2026-03-19 - 15:50
Hubo un momento, en la escuela, en el que Egipto parecía más un territorio imaginado que real. Las momias, los jeroglíficos, las pirámides: en la currícula argentina, todo eso aparecía como una de las primeras grandes civilizaciones de la humanidad, pero también como un universo casi mítico, detenido en el tiempo. Y fuimos muchos los que, en esas clases con la maestra de Historia, tuvimos nuestro primer contacto con una cultura que, sin embargo, nunca terminó de irse del todo. Pero hoy Egipto vuelve a ocupar un lugar central en el imaginario global. Ya no desde los manuales escolares, sino desde una presencia cultural expandida que atraviesa el turismo, el arte, el diseño y las redes sociales. Lo que algunos especialistas describen como un “reseteo de coordenadas” —un corrimiento del eje cultural dominante— encuentra en el país del Nilo uno de sus casos más visibles. Tras años de hegemonía estética marcada por el minimalismo nórdico, las paletas neutras y la idea de lo esencial, el interés global empieza a desplazarse hacia territorios más densos en historia, textura y simbolismo. Egipto, con su carga milenaria, aparece entonces no como una novedad, sino como un redescubrimiento. ¿Qué significa el “reseteo de coordenadas”? Hablar de un “reseteo de coordenadas” no es solo una metáfora curiosa, sino una forma de describir un cambio profundo en la manera en que el mundo produce y consume cultura. Durante décadas, las tendencias globales estuvieron fuertemente concentradas en ciertos polos —por ejemplo, para los argentinos, tanto Estados Unidos como Inglaterra son dos referentes culturales fuertes— que definían qué era lo deseable, lo moderno o lo aspiracional. Fue ese modelo el que empezó a resquebrajarse: la hiperconectividad, el acceso masivo a contenidos y la saturación de una misma estética generaron una especie de fatiga cultural. En paralelo, nuevas regiones que entendieron el poder de la cultura, empezaron a disputar ese protagonismo. Así es como el “reseteo” implica justamente eso: un reordenamiento del mapa cultural global. Ya no hay un único centro que emite tendencias, sino múltiples focos que conviven, dialogan y compiten. Corea del Sur con su industria cultural, África con su escena artística en expansión, Medio Oriente con su reposicionamiento estratégico: todos forman parte de este nuevo entramado. Soft power y patrimonio: la estrategia cultural egipcia El fenómeno no es casual. Así como ocurrió con Corea del Sur en la última década, Egipto impulsa una estrategia de reposicionamiento internacional donde la cultura funciona como herramienta de diplomacia blanda. En este contexto, el patrimonio deja de ser solo un legado del pasado para convertirse en un activo estratégico. El hecho histórico de la apertura total del Gran Museo Egipcio (GEM), la cual tuvo lugar el pasado noviembre, es uno de los emblemas más claros de este movimiento. Ubicado a pocos kilómetros de las pirámides de Guiza, será la institución arqueológica más grande del mundo dedicada a una sola civilización. Pero más allá de su escala, lo relevante es su intención: no solo exhibir objetos, sino reconfigurar la narrativa de Egipto frente al mundo. El edificio en sí mismo —diseñado por el estudio Heneghan Peng Architects— dialoga con la geometría del paisaje faraónico y utiliza la luz como un recurso narrativo. Es, en cierto sentido, una obra contemporánea que toma al pasado como materia prima. A esto se suma el regreso de la Bienal de Alejandría en 2026, tras doce años de ausencia. Lejos de limitarse a una celebración nostálgica, la nueva edición propone un cruce entre la historia milenaria y problemáticas actuales, como la crisis ambiental o las tensiones culturales en la región MENA (Middle East & North Africa). La operación es clara: actualizar el relato sin perder profundidad. Escena contemporánea: entre la memoria y la disrupción Si durante años la imagen de Egipto estuvo asociada casi exclusivamente a su pasado faraónico, hoy son las voces contemporáneas las que empiezan a redefinir su identidad cultural. En ciudades como El Cairo, el crecimiento del circuito artístico independiente evidencia una transformación que va más allá de lo institucional. Por ejemplo, espacios como Townhouse Gallery han sido clave en este proceso, dando lugar a artistas que cuestionan la mirada exotizante y proponen relatos más complejos sobre el presente egipcio. En este contexto, figuras como Maha Maamoun o Wael Shawky ganan visibilidad internacional con obras que dialogan con la historia, pero también con las tensiones políticas y sociales actuales. Este dinamismo también se refleja en el mercado del arte de la región MENA, que atraviesa una expansión sostenida. El interés de coleccionistas internacionales por la producción egipcia —especialmente en pintura figurativa y videoarte— confirma que algo está cambiando: lo que antes era periférico empieza a ocupar un lugar más central. Del desierto al living: cómo Egipto redefine el estilo El impacto cultural de Egipto también se filtra en el mundo del diseño, aunque no de manera literal. Lejos de las reproducciones obvias —bustos, jeroglíficos, ornamentos— lo que emerge es una traducción más sutil: una sensibilidad. En ese cruce aparece lo que hoy algunos definen como “Brutalismo Orgánico”. Más que un estilo formal, se trata de una forma de entender los espacios: volúmenes simples pero contundentes, materiales nobles, texturas visibles y una estética que prioriza lo esencial sin volverse fría. Es un brutalismo suavizado, más habitable, donde la solidez convive con la calidez. ¿Dónde entra Egipto en esta conversación? No como origen directo, sino como referencia. La arquitectura faraónica comparte con esta tendencia tres principios clave: la monumentalidad construida a partir de formas básicas, el uso de materiales pensados para perdurar y una fuerte relación con el entorno. También la paleta acompaña este giro. El dominio del “total beige” empieza a ceder frente a tonos más profundos: verdes intensos, azules minerales, ocres y arenas que remiten al paisaje del Nilo. La iluminación, por su parte, se vuelve protagonista a través de metales como el latón envejecido, concebidos casi como piezas de joyería dentro del espacio. Más que una estética decorativa, lo que emerge es una forma de habitar los espacios que recupera la idea de permanencia. En un contexto dominado por lo efímero, Egipto ofrece una narrativa distinta: la de lo que resiste. Buenos Aires y el viaje al corazón del Nilo La fascinación global por Egipto también encuentra su eco en Buenos Aires. Una propuesta inmersiva y la muestra del Museo Nacional de Bellas Artes recibieron a un público ávido de entremezclarse con esta fascinante cultura. La experiencia inmersiva “El Horizonte de Keops”, instalada en el Pabellón Frers de La Rural hasta el 5 de abril, funciona como un punto de encuentro entre tecnología, entretenimiento y conocimiento. A través de visores de última generación, la propuesta permite sobrevolar la meseta de Guiza, explorar el interior de las pirámides y asistir a rituales ancestrales como el embalsamamiento. Pero lo más interesante no es solo el impacto visual, sino el rigor detrás de cada escena: la reconstrucción ha sido supervisada por egiptólogos, lo que garantiza una experiencia fiel desde el punto de vista histórico. Una metodología que sigue atrayendo espectadores con nuevas propuestas, como la próxima expedición virtual a Carcassone, la ciudad medieval fortificada más grande de Europa en el año 1304. La avidez por acercarse a la historia sigue siendo el eje. Momias y sarcófagos en el Bellas Artes: Egipto como nunca se vio en la Argentina Y no todo se trata de efectos o nuevas tecnologías. Porque en un formato tradicional, la muestra Ciencia y fantasía. Egiptología y egiptofilia en la Argentina del Museo Nacional de Bellas Artes que concluyó este marzo, se propuso reunir una gran cantidad de material que se exhibe en distitnos museos del país, colecciones que vinculan a Argentina con Egipto. Como Andrés Duprat, director del museo, declaró a LA NACION al resumir la muestra: “No es un blockbuster que podría viajar a otra parte del mundo. Solo se puede hacer acá, con materiales que pertenecen a instituciones argentinas y con una mirada que cuenta nuestra propia relación con Egipto”. Fue sin dudas la posibilidad de nuclear colecciones que por distancia o desconocimiento no se conocían masivamente. Ahora el camino ya está trazado. Nota: las piezas exhibidas en el museo provienen de más de veinte instituciones públicas y privadas como el Museo de Ciencias Naturales de La Plata, la Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat, el Museo Xul Solar, el Museo Municipal de Bellas Artes de Tandil, la Academia Nacional de Bellas Artes, el Museo Nacional de Arte Oriental, el Palais de Glace, la Biblioteca Nacional, el Museo Nacional de Arte Decorativo y el Museo de Calcos y Escultura Comparada Ernesto de la Cárcova.