Drones, tecnología, hackeos y rezos
2026-03-05 - 03:14
Irán es una de las mayores potencias militares a nivel mundial, ocupando la posición 14 del ranking armamentista. Algunas estimaciones sugieren que podría contar con un enorme arsenal de drones, disponiendo de unos 80.000 vehículos aéreos no tripulados (UAVs) con capacidad de producción propia, incluyendo la fabricación de cientos de drones del tipo Shahed diariamente. Cientos de drones Shahed-136 fueron lanzados en abril de 2024 para atacar a Israel. Además, es producido bajo licencia en Rusia con el nombre Geran-2 y utilizado diariamente contra objetivos ucranianos. También Venezuela fabrica actualmente diversos tipos de drones con tecnología y diseño iraní, incluyendo el Zamora V-1, un dron kamikaze clon del Shahed-136. Tiene un precio de mercado sumamente bajo comparado con otros drones y sistemas de armas -que cuestan millones de dólares- lo que provoca que quien recibe el ataque incurra en un costo extremadamente alto al utilizar un misil tierra-aire para detenerlo. Esta arma no suele emplearse para causar daños directos a los ejércitos, sino para socavar la moral civil y sembrar, literalmente, terror. Estos drones suicidas poseen un motor de dos tiempos similar al de una máquina de cortar el pasto o un ciclomotor de 50 hp. Tienen un ruido característico, son máquinas muy primitivas y es sencillo programar su trayectoria utilizando un GPS para alcanzar su objetivo. Su fuselaje está hecho de fibra de vidrio, carbono o termoplásticos, materiales muy económicos. Paradójicamente, la mayoría -si no la totalidad- de los componentes del dron son fabricados en Occidente, Europa y Estados Unidos: la electrónica e incluso la bomba de combustible. La variante más moderna es el modelo Shahed-136B, pensado para desatar una “guerra de enjambres”, con un alcance de entre 2500 y 4000 km y equipado con una ojiva más grande y potente. Es capaz de permanecer en el aire entre 16 y 20 horas antes de impactar su objetivo. Con un diseño más aerodinámico, sustituye el motor de pistón y la hélice por uno más potente. Estos aviones no tripulados pueden volar a menor altitud, dificultando la detección por radar y su intercepción. Están pensados para atacar objetivos terrestres a distancia y son disparados en oleadas desde plataformas de lanzamiento, en lotes de al menos cinco unidades, con el objetivo de saturar las defensas aéreas enemigas consumiendo sus recursos durante el ataque. No obstante, el Shahed-136B, al ser de mayor tamaño, podría requerir plataformas de lanzamiento más grandes o complejas. El acceso a la tecnología y al conocimiento ha sido y es fundamental en todo conflicto bélico. La Guardia Revolucionaria Islámica coordina varias ciberunidades en Irán y fuera de su geografía, incluido el Instituto Mabna. Desde hace más de una década Mabna actúa como brazo ejecutor en la recolección de información de inteligencia y hostiga de manera continua a diversos objetivos. Estamos hablando de tecnología común, accesible y barata para generar miedo y terror, en completa sintonía con el “Frente Digital”. Los recursos y las fuentes disponibles para el ejercicio del terror comparten un factor común: redes sociales, correo electrónico, sistemas de mensajería, Internet y las dificultades de las organizaciones para contener brechas de seguridad y ciberataques. Irán atacó agresivamente a Israel y a Estados Unidos en los años previos al ataque de Hamas del 7 de octubre y ha continuado haciéndolo con posterioridad, entre otras cosas, intentando acceder a cámaras de seguridad domésticas en kibutz, casas, comercios, oficinas e instalaciones militares israelíes. Ahora, las operaciones híbridas sobre el régimen iraní incluyeron infraestructuras críticas y sistemas de comunicaciones de las fuerzas armadas y de seguridad que dejaron de funcionar, que produjeron un apagón comunicacional y la ruptura de la cadena de mando, tanto dentro del país como en el extranjero. Irán ingresó en una niebla digital casi total, en lo que podría definirse como el primer ciberataque a gran escala. Los daños a la infraestructura de comunicaciones del CGRI tuvieron como objetivo impedir la coordinación de contraataques e interrumpir la capacidad de las unidades cibernéticas y electrónicas iraníes para lanzar drones y misiles balísticos. Pero el golpe asestado con precisión quirúrgica comenzó varios años antes del ataque aéreo que eliminó al ayatolá Ali Khamenei. La inteligencia israelí habría mapeado sigilosamente cámaras del tránsito de la capital iraní, lo que permitió trazar rutinas de guardaespaldas y conductores: cuándo llegaban y a quién custodiaban. Se elaboraron perfiles detallados con direcciones, horarios de trabajo y qué funcionarios estaban siendo protegidos y transportados. Un flujo de vigilancia constante alimentó el sistema de inteligencia israelí, que incluyó la intercepción de señales de la Unidad 8200, personal reclutado por el Mossad y análisis de datos a gran escala por parte de la inteligencia militar. En paralelo, Israel hackeó una popular aplicación de oración iraní con el propósito de enviar notificaciones a millones de teléfonos el sábado 28 de febrero por la mañana, instando al personal militar del país a desertar del régimen y unirse a una lucha para liberar la nación. La app BadeSaba Calendar fue diseñada para ayudar a los musulmanes a controlar sus horarios de oración. Ese sábado, un mensaje en persa rezaba: “Ha llegado la ayuda”. Especialista en riesgo tecnológico y negocios