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Diversidad que construye futuro

2026-03-08 - 05:33

Durante décadas, la construcción fue narrada —y pensada— en masculino. Las imágenes que tradicionalmente representaron a la industria mostraban obras, cascos y equipos integrados casi exclusivamente por varones. Sin embargo, la transformación que hoy atraviesa el sector no es sólo tecnológica o ambiental: es, también, cultural. Cada vez que una mujer asume un rol operativo en una planta, conduce un camión mezclador o lidera un equipo técnico, no sólo ocupa un puesto de trabajo. Amplía un horizonte. Desafía una idea instalada. Y, sobre todo, habilita nuevas conversaciones dentro y fuera de las organizaciones. Hablar de género en el sector no debería ser un gesto simbólico reservado al 8 de marzo. Debería ser parte de una discusión más profunda sobre competitividad, innovación y sostenibilidad. Porque la diversidad no es una consigna; es una condición para evolucionar. Quienes formamos parte, sabemos que hoy el desafío es más amplio: se trata de construir progreso para las personas y el planeta y solo es posible si incorporamos todas las miradas, si ampliamos las oportunidades, y si entendemos que el desarrollo sostenible empieza por la forma en que gestionamos nuestro propio talento. Los sectores que históricamente fueron homogéneos enfrentan una gran incógnita: cómo atraer y desarrollar talento en un contexto cambiante, cómo responder a demandas sociales cada vez más complejas y cómo innovar en procesos que durante años se mantuvieron estables. En ese escenario, integrar más mujeres —por sobre todo, miradas diversas— no es solo una cuestión de equidad. Es una decisión de negocio y una ventaja competitiva para quienes aspiramos a liderar de manera sostenible. Cuando se amplía la base de quienes toman decisiones, también incrementan las perspectivas desde las cuales se analizan los problemas. Equipos diversos suelen anticipar mejor los riesgos, comprender con mayor profundidad a sus comunidades y diseñar soluciones más creativas. Pero para que eso ocurra, hace falta algo más que buenas intenciones: hace falta crear entornos donde las personas quieran desarrollarse y proyectarse. El verdadero cambio cultural comienza cuando una organización se propone crear el mejor lugar de trabajo para las personas. Un espacio donde se fomente el talento y se celebre la diversidad, y donde la salud y la seguridad sean la máxima prioridad. En una industria como la construcción, este compromiso es especialmente relevante: garantizar entornos seguros e inclusivos es condición básica para que más mujeres puedan ingresar, permanecer y crecer. No obstante, ningún cambio estructural ocurre de manera espontánea. Requiere intencionalidad, políticas concretas y coherencia en el tiempo. Implica revisar procesos de selección, repensar los modelos de liderazgo, generar redes de mentoring y construir trayectorias de carrera que contemplen las distintas etapas de la vida profesional. También exige visibilizar referentes. Cuando hay pocas mujeres en determinados espacios, muchas jóvenes directamente no se imaginan allí. Mostrar historias reales y caminos posibles no es un gesto simbólico: es una herramienta poderosa para ampliar aspiraciones y romper estereotipos que todavía persisten. La equidad de género, entonces, no es un objetivo aislado ni una tendencia pasajera. Es parte de una visión estratégica sobre cómo construir empresas más resilientes, más humanas y mejor preparadas para el futuro. En un contexto desafiante para las organizaciones y para el país, apostar por la diversidad puede parecer, para algunos, un tema secundario. Pero es precisamente en escenarios complejos donde se vuelve más evidente que las compañías que integran distintas miradas están en mejores condiciones de adaptarse y crecer. Ya no se trata de si el sector debe abrirse a la diversidad. La pregunta es si puede asegurar su futuro ignorándola. Porque construir no es solo levantar estructuras: es animarse a transformar las bases sobre las que esas estructuras se sostienen. Y esa transformación empieza —siempre— por las personas. Por Claudia Vitale, Jefa de Talento y Desarrollo Organizacional en Holcim Argentina

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