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“Diplomacia cultural”: desde Nueva York, un argentino busca globalizar el arte latinoamericano

2026-03-07 - 16:13

NUEVA YORK.- “¿Muralismo mexicano en fotocopias?”, se preguntó sorprendido Ariel Aisiks hace quince años al ver cómo sus compañeros formaban fila para conseguir su material de estudio, mientras tomaba clases de arte en Nueva York. “Ahí me di cuenta de que había una oportunidad”, dice ahora este emprendedor argentino a LA NACION en el Instituto para Estudios sobre Arte Latinoamericano (Islaa), fundado por él en 2011 con la intención de acortar esa brecha de conocimiento para ampliar la visibilidad global del arte de la región. Los 150 años del teléfono: el gran invento de Graham Bell según Proust, Ray Bradbury, Agatha Christie y Scott Fitzgerald “No somos una galería ni un museo. Somos el espacio que el arte latinoamericano necesitaba para ser estudiado, archivado y puesto en circulación”, aclara Aisiks en esta sede de Tribeca de 1200 metros cuadrados, donde se exhibe parte de una colección de 15.000 obras. En estos días, la sala principal está dedicada en estos días al legado del artista venezolano Carlos Cruz-Diez. Allí se conserva también parte de un archivo y una biblioteca con más de 1000 documentos y 25.000 libros, disponibles para quienes quieran consultarlos. “Este mes vamos a lanzar un sistema de becas para traer investigadores de América Latina y de otras partes de Estados Unidos”, anticipa el argentino Agustín Diez-Fischer, con experiencia en Fundación Espigas y a cargo de esa área clave de Islaa. Parte de la acción ocurre sin embargo puertas afuera, gracias a alianzas desarrolladas con importantes instituciones. Islaa impulsó por ejemplo la muestra de David Lamelas que abrió ayer al público en Dia Art Foundation, donde distribuyó cientos de catálogos firmados por el artista argentino con gran valor histórico: con texto de Jorge Glusberg, eran los originales de otra muestra realizada en 1978 en el Centro de Arte y Comunicación (CAyC), uno de los grandes focos de su archivo. En noviembre se inaugurará en el Museo de Arte de San Pablo (MASP) una coproducción dedicada a Jesús Rafael Soto que incluye un seminario, un foro y un libro. Se proyectará también allí un film donado por Islaa, a cuyo director conoció Aisiks al tomar un Uber en Madrid. Manuel Herreros de Lemos, el conductor venezolano, le contó que había estudiado en Londres y que en 1982 había realizado un documental sobre mujeres trans maltratadas en Caracas que resultó censurado. Gracias a esa conversación el material se digitalizó, pasó a integrar grandes colecciones como la del Getty, fue objeto de estudio en Bard College, protagonizó una muestra y participa en festivales de cine. “Es algo que no tiene valor comercial, sino que se vuelve parte de la integración cultural. Quiero ser el facilitador del estudio y la pared, para que grandes cantidades de gente vean arte latinoamericano. La pared la tienen los museos y el estudio lo tienen las universidades”, dice Aisiks, que impulsa programas de investigación y becas en alianza con casas de estudio como NYU, Columbia, Bard College y Princeton. Entre más de quinientas obras que donó o prestó se cuentan las obras de Marta Minujín que pasaron a integrar los acervos del MoMA, el Met, el Whitney y el Museo de Bellas Artes de Houston. Otro logro reciente fue su rol clave como mediador para que Eduardo Costantini lograra adquirir meses atrás la Colección Daros Latinamerica. “Tengo una gran admiración por Eduardo y soy muy amigo de la gente de Daros desde hace mucho tiempo –explica-. No tenía mucho sentido que Islaa adquiriera los artistas que ya están en la colección. Y además mi intención es comprar archivos y obra. Entonces le comenté a Eduardo que estaba esta posibilidad y que me parecía que lo debía considerar, porque ya tenía el museo listo. Yo hubiese tenido que esperar por ahí diez años más para para colgarlas”. Con gran experiencia como triatlonista, Aisiks se propone metas a largo plazo y regula el ritmo para alcanzarlas. Tal como hizo Costantini, que fundó el Malba hace un cuarto de siglo y continúa expandiéndolo. O la coleccionista venezolana Patricia Phelps de Cisneros, creadora en 2019 del Instituto Cisneros para la Investigación del Arte de América Latina, dirigido por la argentina Inés Katzenstein en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. “Patricia logró algo extraordinario: la inserción dentro del MoMA. Fueron treinta años de lucha -destaca Aisiks, que proyecta abrir otra sede de Islaa en Buenos Aires-. La estrategia es enseñarles a los curadores toda esa información, contarles las historias y documentadas sobre los artistas icónicos latinoamericanos, para que las lleven a las instituciones. Por eso los programas universitarios son tan importantes: para que las próximas generaciones lo puedan contar. Y no alcanza con digitalizarlo, tienen que venir estudiar”. Nieto de inmigrantes que llegaron a la Argentina desde Rusia en 1929, Aisiks nació en 1965, estudió en el Colegio Nacional de Buenos Aires y se mudó a Estados Unidos a los 18 años. Su padre era un coleccionista apasionado, que frecuentaba la galería Bonino e invertía a arte latinoamericano. Y entre sus ancestros figura el cineasta vanguardista Sergei Eisenstein, primo de su abuelo materno. Con ese background cultural, él se formó como emprendedor y en finanzas en Los Ángeles, obtuvo una maestría en negocios en Harvard y quiso dedicar su vida a hacer algo que tuviera “sentido de propósito”. En 2011 se enteró de que un atleta a quien había conocido en los triatlones acababa de lanzar un emprendimiento y decidió invertir en eso: era nada menos que el suizo Olivier Bernhard, quien cofundó la marca de zapatillas On luego de que Nike rechazara su diseño innovador. Ahora se cuenta entre sus principales competidoras. Esa visión de Aisiks para descubrir oportunidades se aplicó también a la gestión cultural. “Desde el punto de vista empresarial, la idea es hacer que esto sea tan atractivo para que un latino o un americano quiera estudiar esto. Porque eso va a generar que lo quieran poner en las paredes de las instituciones. Es una estrategia de infiltración, diría Luis Camnitzer”, explica al señalar que la población latinoamericana e hispana en Estados Unidos se acerca al 25 por ciento del total, pero su representación en los museos es “insignificante”. “El arte latinoamericano necesita circulación estratégica para formar parte de conversación global. Cuando cruza fronteras, exporta identidad. Y si funciona en otro contexto, se vuelve global. El arte es una forma sofisticada de diplomacia cultural”, sostiene poco antes del inicio de la Argentina Week, en la que Javier Milei y sus ministros buscarán seducir a los inversores en Nueva York. Uno de los caminos para lograr mayor visibilidad, sugiere Aisiks, es “que Bad Bunny se suba un escenario y que detrás suyo se vea en pantalla gigante una obra de Roberto Aizenberg, para que la vean 250.000 personas”.

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