Después de seducir a Trump con acuerdos comerciales, Pakistán consigue sentarse a la mesa
2026-03-26 - 21:30
NUEVA YORK.– El mes pasado, cuando Donald Trump inauguró su Consejo de la Paz con una reunión en Washington, su enviado especial Steve Witkoff dio a conocer una prometedora alianza con Pakistán. No hablaba de algún decreto del gobierno pakistaní contra el terrorismo o la guerra: se trataba de un poco ortodoxo acuerdo de inversión inmobiliaria en torno a un viejo hotel clausurado en el centro de Manhattan. Witkoff, exdesarrollador inmobiliario y hoy encargado de negociar la paz en todo el mundo, fue el intermediario del inusual acuerdo entre los gobiernos de Estados Unidos y Pakistán para explorar la remodelación del Hotel Roosevelt, un otrora edificio glamuroso que es propiedad del gobierno de Pakistán. Si bien el gobierno de Trump no ha hecho públicos los términos del acuerdo, un funcionario de la Casa Blanca al tanto del tema lo describió como una asociación potencialmente lucrativa entre ambos gobiernos para convertirse en copropietarios del inmueble. Este fue el vínculo más reciente que Pakistán forjó con el gobierno de Trump, pero forma parte de una estrategia más amplia para ganarse el favor del presidente norteamericano y de su círculo íntimo. Aunque inicialmente no estuvo vinculada a la guerra de Trump en Irán, esta campaña de relaciones públicas elevó la estatus de Pakistán en Washington justo antes del conflicto. Y Pakistán, que comparte una frontera de 916 kilómetros con Irán, de pronto pasó a desempeñar un papel potencialmente central en el lento pero constante esfuerzo por lograr un alto el fuego y un acuerdo de paz. De hecho, fue el gobierno pakistaní el que hace unos días actuó como intermediario clave y le transmitió a Irán el plan de 15 puntos de Trump para poner fin a la guerra, y también se ofrecieron como sede para las conversaciones entre ambas partes. Comercio y ascenso meteórico Se trata de un ascenso meteórico para Pakistán, que hace poco más de un año era prácticamente irrelevante en las consideraciones diplomáticas de Washington. Sin embargo, desde el regreso de Trump a la Casa Blanca, los pakistaníes colman al presidente de elogios, contrataron lobistas vinculados a su familia, y hasta lo nominaron para el Premio Nobel de la Paz. También cerraron una serie de acuerdos comerciales que imitan el enfoque transaccional de Trump en materia de política exterior. El Consejo de la Paz de Trump encarna esa visión del mundo. Su nombre sugiere las más elevadas intenciones: originalmente fue concebido como un organismo diplomático para ayudar a reconstruir la Franja de Gaza y hasta rivalizar con las Naciones Unidas. Pero también se ha convertido en un foro comercial, que exige una cuota de 1000 millones de dólares que los países deben pagar para obtener una membresía permanente, un marco ideal para concretar el acuerdo del Hotel Roosevelt. Un mes antes de cerrar el acuerdo hotelero, el ministro de Finanzas pakistaní firmó un convenio de colaboración con una filial de World Liberty Financial, la empresa emergente de criptomonedas fundada por las familias Trump y Witkoff. La Casa Blanca, sin embargo, niega cualquier vínculo entre el acuerdo del Hotel Roosevelt de Witkoff y la empresa de criptomonedas de su familia o sus conversaciones con Irán. “Este es un acuerdo que solo podría haber sido negociado por alguien con el talento y la experiencia del enviado especial Witkoff”, dijo Anna Kelly, vocera de la Casa Blanca, en referencia al acuerdo hotelero, y añadió que se realizó “sin costo alguno para el contribuyente norteamericano”. También agregó que Pakistán “ha sido un socio importante” de Estados Unidos en diversos temas, incluido el antiterrorismo. David Warrington, secretario legal y técnico de la Casa Blanca, declaró que Witkoff “no ha participado ni participa de ningún asunto oficial que pueda afectar sus intereses financieros personales”. Y David Wachsman, vocero de World Liberty, apuntó que la empresa de criptomonedas “no tiene nada que ver con las acciones del gobierno de Estados Unidos”. Según informó un funcionario de la Casa Blanca, la participación accionaria de Witkoff en World Liberty fue vendida a sus hijos en enero. El vocero del Ministerio de Finanzas de Pakistán no respondió a las solicitudes de comentarios. Según funcionarios y analistas, a Pakistán lo beneficiaría una pronta resolución de la guerra con Irán: una inestabilidad prolongada en Irán podría desestabilizar a la comunidad chiita pakistaní —la más grande del mundo después de Irán—, y el bloqueo del estrecho de Ormuz también perjudicó su economía. “Negociadores que entienden a la gente” Por otro lado, aparecer como el gran facilitador de las conversaciones de paz consolidaría la imagen de Pakistán como potencia diplomática en Occidente y Asia, al tiempo que relegaría a su archirrival: la India. La relación entre Estados Unidos y Pakistán estuvo marcada por la guerra de Afganistán durante más de dos décadas. En 2021, tras el retiro de las tropas norteamericanas de Afganistán, Pakistán perdió relevancia para Estados Unidos, al punto de que el presidente Joe Biden ni siquiera llamó a los dos primeros ministros pakistaníes que gobernaron durante su mandato. Pero la segunda presidencia Trump le regaló a Pakistán una nueva oportunidad y un nuevo equipo de diplomáticos con los que interactuar, entre ellos Witkoff, histórico amigo de Trump, y Jared Kushner, yerno del presidente. Al igual que el presidente, Kushner y Witkoff están acostumbrados al toma y daca del sector inmobiliario neoyorquino, una experiencia que influyó en sus gestiones diplomáticas. Kushner no ocupa oficialmente ningún cargo de gobierno –Trump lo nombró “enviado de paz”–, mientras que Witkoff es funcionario de la administración. Además de su papel en las negociaciones con Irán, ambos lideraron los exitosos esfuerzos de la Casa Blanca para rescatar a los rehenes de Gaza y participaron en las conversaciones sobre la guerra de Rusia en Ucrania. En una que concedió el año pasado tras un avance significativo en las conversaciones sobre Gaza, Kushner dijo que su enfoque diplomático y el de Witkoff consistía en “ser negociadores que entienden a la gente”. “Muchos de los que se dedican a esto son profesores de historia, porque tienen mucha experiencia, o son diplomáticos. Pero eso diferente a ser negociador: son deportes distintos”. Anfitrión de la paz Pakistán parece haber emulado ese enfoque. La primavera pasada, el país contrató a lobistas que trabajaron para la empresa familiar de Trump, incluido Keith Schiller, su exguardaespaldas. También el año pasado, negoció un acuerdo con la Casa Blanca beneficioso para ambos países con el compromiso de Washington de invertir 1300 millones de dólares en una mina de oro y cobre en Pakistán, como parte de un esfuerzo por reducir el predominio global de China en minerales críticos. Tras un conflicto bélico con India el año pasado, Pakistán le reconoció a Trump el mérito de haber logrado un alto el fuego, y hasta lo nominó para el Premio Nobel de la Paz “en reconocimiento a su decisiva intervención diplomática y su crucial liderazgo”. Pakistán se terminó de ganar el favor de Trump el año pasado, cuando arrestó a un alto líder de la organización terrorista Estado Islámico (EI). En junio, el mariscal de campo Syed Asim Munir, máximo comandante militar de Pakistán, almorzó en privado con Trump en el Salón Oval, y desde entonces desarrolló una relación personal que contribuyó a mejorar los lazos entre ambos gobiernos. Según el gobierno pakistaní, en ese almuerzo hablaron sobre desarrollo económico y criptomonedas, entre otros temas. (Un funcionario de la Casa Blanca negó que se haya hablado de criptomonedas). Pakistan welcomes and fully supports ongoing efforts to pursue dialogue to end the WAR in Middle East, in the interest of peace and stability in region and beyond. Subject to concurrence by the US and Iran, Pakistan stands ready and honoured to be the host to facilitate... — Shehbaz Sharif (@CMShehbaz) March 24, 2026 Ahora, Pakistán se ha erigido como intermediario privilegiado entre Estados Unidos e Irán. El martes, en una publicación en redes sociales, el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif se ofreció como anfitrión de las conversaciones de paz entre Estados Unidos e Irán, “en aras de la paz y la estabilidad en la región y más allá”. Traducción de Jaime Arrambide