Derrumbe en Parque Patricios: la odisea de un joven para rescatar un animal que quedó atrapado en su departamento
2026-03-04 - 20:03
“Necesito que me escuchen y me dejen buscar a mi gata. Solo pido eso”, dice Matías mientras permanece detrás de la cinta de seguridad que corta la calle dentro del complejo habitacional Estación Buenos Aires, en Parque Patricios. Del otro lado del perímetro vallado, custodiado por efectivos de la Policía de la Ciudad, se levantan los edificios evacuados tras el derrumbe ocurrido en la madrugada del martes en el sector de cocheras. Con un bolso transportador para gatos en la mano, el joven camina de un lado al otro desde hace horas, mirando hacia el edificio donde está su departamento, a la espera de que la fiscalía porteña le permita ingresar unos minutos para rescatar a una de sus mascotas que quedó adentro durante la evacuación. Matías llegó temprano después de recibir una llamada en la que, según cuenta, le indicaron que se acercara porque podrían autorizar su ingreso. Sin embargo, pasaron las horas y la autorización no llegó. Desde hace más de cinco horas espera frente a una cinta de seguridad sin obtener una respuesta clara sobre si podrá entrar a su departamento para rescatar a su gata. “Una de las mascotas no la pude sacar. Está adentro y estoy viendo la forma de poder sacarla, nada más”, explica en diálogo con LA NACION mientras sostiene el transportador vacío. La escena se repite desde la mañana: camina unos metros, se acerca a los policías para preguntar si hay novedades y vuelve a esperar mirando hacia los edificios. Adentro, en su departamento, una de sus gatas permanece encerrada desde el momento en que se produjo la evacuación del complejo. El día anterior había logrado ingresar brevemente acompañado por bomberos, como otros vecinos que fueron autorizados a retirar documentos o pertenencias básicas. El acceso se cumplió bajo estricta supervisión. “Entramos muy brevemente, acompañados por bomberos. Cinco minutos para traer cosas y salir”, recuerda. En ese lapso pudo rescatar dos de sus animales, pero no al tercero. “Yo tengo más animales. Saqué lo que pude. Agarré dos y el otro me faltó. No la pude agarrar. Y ya había que salir, había que salir, había que salir”, relata. La dificultad, explica, fue que el gato se escondió en medio de la situación de emergencia. “No sé si alguien tiene gato, pero agarrar un gato... eso es complicado”, agrega. La gata permanece adentro del departamento de Matías desde entonces, aunque esa torre está preventivamente deshabitada. Cuando Matías llegó nuevamente al lugar ya habían pasado 24 horas desde que el edificio fue totalmente evacuado. El joven vive en uno de los edificios del complejo que da a la calle Mafalda, donde se encuentra el estacionamiento subterráneo en cuyo techo se produjo el derrumbe. La madrugada del hecho lo sorprendió dentro de su departamento. “Escuché un estruendo, me levanté y salí corriendo”, recuerda sobre el momento en que los vecinos comenzaron a evacuar el lugar. Desde entonces el complejo permanece cerrado mientras continúan las evaluaciones estructurales para determinar el estado de los edificios cercanos al sector donde cedió la losa del estacionamiento y quedaron aplastados o inmovilizados más de 60 vehículos particulares de los vecinos. Ningún residente puede ingresar sin autorización judicial, lo que mantiene a varios vecinos a la espera de novedades frente al perímetro de seguridad. A pocos metros del vallado, Matías espera acompañado por sus padres. Su madre había hablado minutos antes con este medio y expresó su enojo por la situación. Según relató, su hijo estuvo el día anterior hasta las ocho de la noche intentando resolver el problema con personal del gobierno porteño. “Se le quedó una gata adentro. Mi hijo estuvo hasta las 20 de la noche. Estaba la chica del gobierno que se ocupa de mascotas y él le decía que quedó una gata adentro”, contó. Según explicó, insistieron para que quedara registrado el caso y que tomaran sus datos. “Yo le dije que anote todos los datos porque no lo anotaban. Le dijeron ‘sí, sí, mañana te llamamos’”. La llamada llegó esta mañana. “Lo llamaron hoy para que venga y ahora no lo dejan entrar. ¿Para qué lo llaman si no se organizan como la gente?”, cuestionó. También criticó la forma en que se comunicaron con su hijo. “Encima lo llamaron y ni siquiera se identificaron”. Para la mujer, la situación resulta angustiante y absurda al mismo tiempo. “Es su derecho entrar. Es su casa, es su mascota. Su gata está ahí hace un día. Es terrible”, dijo. Mientras tanto, Matías sigue caminando frente a la cinta de seguridad con el bolso transportador en la mano. Cada tanto se acerca al perímetro para preguntar si hay alguna novedad sobre la autorización que espera desde primera hora del día. Del otro lado del vallado, los edificios permanecen cerrados y en silencio mientras continúan las evaluaciones de seguridad. En uno de esos departamentos, dentro del complejo evacuado, su gata sigue esperando.