De Singapur a India: cómo se importa en los países más integrados
2026-03-03 - 19:03
En los últimos meses, en la Argentina se profundizó la discusión por el incremento de las importaciones. En el 2025 registraron un aumento cercano al 25% interanual (los bienes de consumo duplicaron ese ratio) según datos oficiales, impulsado por la apertura comercial y la flexibilización de regulaciones. Pese a esa suba, el valor representa una participación relativamente baja del comercio internacional en función del tamaño de la economía. El promedio mundial como porcentaje del PBI está entre 45% y 47%; el de la Argentina ronda el 13% -según datos de 2024, los del año pasado todavía no fueron consolidados-. LA NACION consultó a importadores argentinos radicados en diferentes países del mundo, quienes coincidieron en señalar que trabajan en economías abiertas pero, a la vez, reguladas. Plantearon que en las exigencias técnicas aumentaron con fuerza en los últimos años, con lo que hay estándares que no todos están en condiciones de cumplir. También admiten que se trata de economías “estables” que no han pasado por los ciclos de altas y bajas de la Argentina, ni por las distorsiones provocadas por una alta inflación. Otra diferencia que apuntan es la carga fiscal, que presenta menos superposiciones que la local. Según datos del Banco Mundial (BM), considerando importaciones de bienes y servicios totales en relación al PBI, la Argentina tiene niveles bajos que son comparables a economías más grandes y con un amplio mercado interno, como es Brasil (17,5%). En la región, para Perú y Uruguay el porcentaje se mueve entre 24% y 26%; en Paraguay alcanza el 40%, superando a Chile que históricamente fue el más abierto de la región y hoy está en torno al 30%. Con importaciones que equivalen a 144% de su PBI, Singapur. Su modelo económico es “excepcionalmente abierto y orientado al comercio internacional”, dice Martín Benítez, financial trader de una líder mundial de comercio de granos, radicado hace más de una década en ese país. “Es incorrecta e imposible la comparación con la Argentina ya que son países con roles muy distintos. Singapur es el safe haven de Asia, recibe muchos capitales extranjeros para resguardar valor. Además, a lo largo del tiempo logró constituir una cantidad enorme de activos externos (fondos de pensión, reservas del Banco Central) que traen estabilidad y le quitan importancia a la demanda por importaciones ya que le permite financiarlas fácilmente”. Para graficar, señala que Singapur importa “casi todo, hasta el agua”, a la vez que genera políticas en relación “a la dependencia estratégica y el riesgo geopolítico de estas situaciones”. Benítez también remarca que, en términos de balanza comercial, “mucho de lo que importa se vuelve a exportar. Es decir, el país se movió más arriba en la cadena de valor, una diferencia más con la Argentina”. Es un hub logístico-industrial global, donde el comercio exterior domina la actividad económica. Casi en el otro extremo de Singapur se ubica China, que según el BM, importa por alrededor del 17% de su PBI. El superávit comercial se mueve en torno a US$1000 millones (menor en servicios que en bienes). Licenciado en Relaciones Internacionales, con una compañía importadora en China (a donde pasa casi la mitad del año desde hace unos 15), Ramiro Gómez López puntualiza que el gigante asiático importa una gran variedad de insumos industriales y materias primas. ”Si bien es un gran productor, necesita traer insumos para alta tecnología, energía, y materias primas específicas. Por ejemplo minerales, cobre, aluminio, petróleo crudo, gas natural. También semiconductores, insumos de alta precisión, ciertos productos químicos y resina. Si bien su industria está híper desarrollada, y avanza velozmente, hay algunas tecnologías que aún necesita importar; muchos de estos insumos importados se utilizan en sectores en los que el país es fuerte como automotriz, construcción, petroquímica, maquinaria de alta tecnología”, dice. Las compras de alta tecnología provienen principalmente de Alemania, Japón, Estados Unidos, Suecia y Francia: “Son proveedores de componentes mecánicos de precisión que después China los integra en aeronáutica, industria médica, trenes, electrónica, por ejemplo, y en los que luego hace sus propios desarrollos innovadores”. “China protege la industria local combinando aranceles a la importación y barreras para-arancelarias, como certificaciones, licencias, cuotas de importación, controles sanitarios. En general se maneja de forma pragmática y estratégica -continúa-. A la vez, existen estímulos a la exportación. Por caso, si una empresa lo hace, le devuelven el IVA. Hay muchas zonas francas y de libre comercio, infraestructura logística que facilita el comercio exterior”. Respecto a lo que el consumidor final puede ver en una góndola de supermercado, Gómez López apunta que China importa una “amplia variedad de alimentos pero, en su gran mayoría, son productos que no se producen localmente y, claramente, son minoría en los mercados. Priorizan su producción nacional, pero si hay algo que no fabrica, lo trae, con lo que es posible encontrar vinos, lácteos, aceite de oliva, chocolate, snacks, carnes, frutos de mar, suplementos dietarios y gourmet, café y de cosmética”. Agrega que, en general, son “más caros que la versión local y, si bien muestran que China tiene diversidad para que el consumidor pueda elegir, lo cierto es que la prioridad es siempre la industria nacional. El consumidor percibe que los importados son de buena calidad, compiten por ese factor y estatus pero no por precio”. Comenta que ve “un cambio en el consumo de productos dulces, especialmente chocolate, y helados, también en los de panadería y pastelería. Es una modificación reciente en el hábito y entiendo que hay una nueva oportunidad para exportarlos dado el afianzamiento de este comportamiento”. Plataformas chinas, reguladas India importa en torno al 23,5% de su PBI en bienes y servicios, según números del BM, una cifra que está por encima de su promedio histórico (13,5 %). Sus exportaciones, en tanto, equivalen al 22% del Producto. Su balanza comercial es deficitaria. En su último World Economic Outlook, el Fondo Monetario Internacional (FMI) indicó que su Producto crecerá 6,4% este año y el próximo, empujado por una sólida demanda interna y el aumento del ingreso disponible de los hogares. El país, que tiene a la Unión Europea (UE) como su principal socio comercial en bienes, está por cerrar un acuerdo de libre comercio con esa zona. India es uno de los mayores exportadores de textiles y confecciones del mundo (unos US$50.000 millones hace un año); esa industria es clave para la economía y el empleo. En ese contexto, impuso condiciones para que operen las plataformas chinas. Con 19 años instalado en ese país, donde tiene una fábrica de ropa para la que importa insumos, Mariano Martínez repasa que, con mucho empleo informal, India tiene una desocupación de alrededor del 5%: “Para que la gente tenga trabajo, protege su industria. No es una economía cerrada, pero sí es selectiva en sus protecciones como los sectores de defensa, informática, automotriz, textil, metalúrgico". Detalla que en 2014 el Gobierno lanzó el “Make in India” que impulsa la producción nacional y busca atraer inversiones extranjeras (ya no se requiere un director local). “Hay incentivos para establecerse, programas de ayuda para startups; y mantiene la protección para determinados rubros", agrega y puntualiza que sí hay facilidad para ingresar maquinaria e insumos, “en cambio son altos los aranceles para productos terminados”. Martínez enfatiza que hay “mucho trámite” para importar, “variedad de normas a cumplir, desde la ley de talles hasta establecer un precio máximo a vender”. El impuesto de importación es el BSD y varía entre 10% y 20%, aunque algunas materias primas pagan 0%. Después se aplica una tasa (SWS) del 10% y la última carga es el equivalente al IVA, que varía de acuerdo al sector. Agostina Pagnoni, diseñadora de moda con una fábrica radicada en India, desde donde exporta, sostiene que las exigencias para las importaciones son muchas, “hay que cumplir con las regulaciones vigentes y contar con las licencias establecidas. En cambio, para exportar no hay problemas. Vendemos desde allí a diferentes mercados”. Sobre Shein repasa que durante tres años no pudo operar; regresó el año pasado. “Vende lo que producen los locales, eso fue crucial. Cuando la dejaron afuera fue en el momento de máxima tensión entre los dos, que son gigantes”, resume. La referencia es que la plataforma regresó a partir de una alianza con Reliance Retail que le da soporte a unas mil fábricas indias que producen para la marca Shein que, a su vez, venderá esa indumentaria en otros mercados. A Temu no se puede comprar directamente porque siguen vigentes las restricciones que el Gobierno indio le puso a casi 200 sociedades chinas en el 2020. Una forma es usar Ubuy, que tiene ítems de su catálogo o bien hacer una triangulación de envío de paquetes. Más exigencias técnicas La UE es, formalmente, una de las regiones más abiertas del mundo, tiene un arancel externo común relativamente bajo aunque protege mediante estándares técnicos elevados (regulaciones sanitarias, ambientales, de trazabilidad y etiquetado actúan como filtros). Rolando Viñals, importador en España de productos argentinos hace casi dos décadas, consigna que en lo que hace a vinos (su principal rubro) y alimentos “se puede traer todo, pero todo tiene que tener certificación sanitaria. Cada vez más son más exigentes las autoridades sanitarias españolas, en conjunto con las europeas”. Plantea que, si bien todos los integrantes de la UE se rigen por el mismo marco, “hay cierto margen de maniobra para aplicar las normas. Holanda y Alemania son más elásticos; España es más dura con todo lo que llega de afuera de la zona euro. Cambiaron mucho las inspecciones respecto a cinco años atrás”. Seguidor de la realidad argentina y de las discusiones sobre la apertura de la economía, Viñals considera que “cerrarse nunca es bueno. El entramado empresarial argentino es muy recursivo, con capacidades poco vistas a nivel mundial. La apertura administrada aumenta la eficiencia y ayuda a la creatividad a nivel productivo. Eso hemos visto en España, pueden ingresar insumos más baratos para ser incluidos en producción local, ganar en innovación”. Hijo del fundador de la empresa DAT, importadora de carne argentina en Alemania hace varias décadas, Mauricio Trípodi ratifica que la UE es un mercado “muy abierto pero, a la vez, muy regulado. No es que cada uno importa lo que quiere y como quiere. Hay bastantes regulaciones técnicas -cuotas, certificaciones, exigencias de trazabilidad- que no todos los países productores que exportan están en condiciones de cumplir”. “En el caso de la carne, se pide todo y, si hay un sello mal puesto, no liberan la mercadería. Son súper estrictos. En los últimos años, hay toda una movida política ligada con lo ambiental que cada vez genera más requisitos. Van limitando cada vez más los riesgos y, la mayoría de las veces, los importadores no tenemos control sobre esas situaciones. Por ejemplo, que no haya trabajo infantil”. Andrea Lobre, dueña de la bodega Château l’Aubrade en Burdeos (70 hectáreas y unas 500.000 botellas anuales) y de una empresa de importación de vinos de la Argentina y Uruguay, detalla que en Francia -como pasa también en otros países- cayó el consumo de vinos. “En un país con muchas regiones de producción, en los últimos años bajaron tanto las compras de otros destinos como sus exportaciones. Hay cierta curiosidad para probar los argentinos y hay mucho para hacer, pero los costos son muy altos por la logística y los impuestos. “Las reglas de juego son muy diferentes en la UE que en la Argentina. No estamos frente a un mercado cerrado, pero sí protegido -insiste Germán Mulet, enólogo y dueño de la bodega Paon Perché y hermano de Lobre-. Europa es extremadamente rigurosa en lo técnico; pide trazabilidad completa. No es proteccionismo clásico, pero la barrera es muy alta y, sin preparación, es imposible ingresar”. Analiza que el mercado europeo de vinos es dominado por Francia y España y, de importados, pisan con más fuerza Chile, Australia y Sudáfrica: “Los argentinos no pueden competir solo por precio, tienen que hacerlo por altitud, historia, relato, coherencia. Hay una identidad fuerte, el Malbec es reconocido. Europa tiene un espíritu abierto, dispuesto a descubrir productos auténticos”. Sostiene que si el acuerdo entre UE y Mercosur avanza, en vinos habrá complementación. “Hoy exportar vino es entender de logística, de normativas, de marketing. Es pensar en el largo plazo. El que construye marca tendrá un espacio”.