Dólar e inflación: el Gobierno busca contener el tipo de cambio con un menú de intervenciones
2026-03-06 - 19:13
El dato pasó casi desapercibido en el ruido de una semana cargada, pero su lectura es elocuente: el martes 24 de febrero, cuando el dólar mayorista comenzó a repuntar en el mercado oficial, el Tesoro Nacional vendió aproximadamente US$72 millones. Ese mismo día, el Banco Central (BCRA) informó compras netas por US$48 millones. El resultado fue una intervención neta vendedora: el equipo económico, en términos consolidados, salió a frenar la suba del tipo de cambio. No fue un episodio aislado. Dos días después, el jueves 26, el balance del BCRA volvió a mostrar el mismo patrón: movimientos en los depósitos en dólares y pesos del Tesoro compatibles con ventas de divisas por unos US$51 millones, frente a compras del BCRA de apenas US$41 millones. Segunda rueda en la semana con saldo neto vendedor para el conjunto del sector público. En ambas jornadas, el tipo de cambio intentó superar los $1400 y terminó por debajo de ese umbral. La presión oficial funcionó. Lo que emerge de los datos —confirmados por el informe monetario diario del BCRA— es que el Gobierno tiene un nivel de tipo de cambio de referencia no explicitado en torno a los $1400. Cuando el dólar quiere superar ese techo, interviene. Pero lo hace de formas diversas, sin un mecanismo único ni predecible, lo que dificulta la lectura del mercado y genera cierta opacidad deliberada. “Algunos días, el Tesoro vende dólares en el mercado spot, otro día, el Central vende títulos ajustados por el tipo de cambio (Lelink) para absorber pesos, y otro día hay intervención en futuros. No hacen todos los días lo mismo”, dijo el economista Gabriel Caamaño, de la consultora Outlier. La constante, aclara, es que el BCRA sigue comprando divisas en el mercado oficial para mostrar acumulación de reservas –ya compró US$3000 millones–, aunque a veces esas compras son menores a lo que el Tesoro vende por su cuenta. Esta heterodoxia táctica forma parte del diseño. El Gobierno quiere transmitir que acumula reservas mientras, en paralelo, contiene el dólar. El cambio de régimen en el manejo cambiario estuvo precedido por una modificación en la política monetaria. A fines de 2025, el Gobierno había subido fuertemente la tasa de interés en pesos, en parte para desalentar la cobertura cambiaria y forzar la liquidación de posiciones. La estrategia funcionó parcialmente: las reservas empezaron a acumularse, la tasa comenzó a bajar por sí sola hacia mediados de enero, cuando la demanda de pesos se recuperó. Pero los malos datos de inflación de enero (2,9%) complicaron el cuadro. El mercado espera un índice de precios en torno a 2,7% para febrero, 2,5% para marzo y 2,2% para abril. La “rosca” sobre el nivel del tipo de cambio, según Caamaño, volvió a abrirse con fuerza. El Gobierno decidió no volver a apretar la tasa —una señal tal vez de que le preocupa también el freno en la actividad económica— y compensar con intervenciones más directas en el mercado de cambios. “Ahora que aflojaron con la tasa están yendo a intervenciones más directas o menos indirectas”, describe el analista. El Tesoro mismo mandó una señal en la última licitación de deuda al no ofrecer títulos cortos en pesos para no convalidar tasas elevadas. El resultado de esa licitación dejó libre casi $500 millones, una señal de relajación deliberada de la política monetaria. El régimen de flotación sucia tiene un costo que no es inmediato pero que los analistas ya advierten. Si el tipo de cambio se mantiene estancado en torno a $1400 con una inflación que sigue corriendo arriba del 2% mensual, el peso se aprecia en términos reales. Sin embargo, este año el punto de partida es distinto al de 2025, cuando la apreciación ocurrió sobre un peso que ya se había apreciado a fines de 2024 y los precios externos de materias primas como la soja, los metales y el petróleo no acompañaban como ahora. Igualmente, el margen que se consuma este año podría no estar disponible en 2027, cuando el calendario electoral agrega su dósis extra de volatilidad. Sobre este esquema, además, pesa una incertidumbre mayor: la dependencia de la administración Milei respecto del contexto externo, y en particular de la figura de Donald Trump. Si el gobierno republicano enfrenta dificultades internas y pierde apoyo, la Argentina —que ha apostado fuerte a esa relación— podría verse afectada. El riesgo país ya refleja parte de esa fragilidad: la Argentina sigue siendo de los emisores más riesgosos del mundo, en un esquema que los mercados perciben más personalista que institucional. A eso se suma que el cepo cambiario, aunque reducido, sigue vigente. Las empresas no pueden girar dividendos libremente y los individuos todavía tienne las restricciones cruzadas:si operan en el oficial, no pueden ir al mercado cambiario financiero.