TheArgentinaTime

Cuba y el fin de la utopía

2026-03-23 - 03:10

Mientras el conflicto en Medio Oriente amenaza con salirse de cauce, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, mantiene abierto el frente cubano. La dictadura que impera en la isla enfrenta hoy su momento de mayor presión en décadas, con 67 años de vigencia, tambalea ante la crisis de un modelo económico y político agotado. La revolución comunista procura sobrevivir entre dos presiones: la que la obliga a sentarse a tratar con los Estados Unidos, su mayor enemigo, y la que día tras día, ejercen las protestas populares por una ciudadanía indefensa, extenuada y asfixiada por un sistema que ha derivado en Estado fallido. Las protestas llegaron hasta una sede del Partido Comunista donde un grupo de personas entró a la fuerza y quemaron muebles y material de propaganda en una gran hoguera, para reclamar por la grave situación humanitaria y pedir la caída de la dictadura. Las cuestiones que agobian a los cubanos son imposibles de ocultar. Entre otras, la pérdida del control sobre la industria eléctrica, el colapso del sistema sanitario, el aumento de la criminalidad y la renuncia de las autoridades a implementar reformas estructurales. Cuba es un gran aparato de control, cuya única eficiencia reside en la vigilancia y el castigo. El endurecimiento de las leyes y la criminalización del disenso han convertido el ejercicio de la libertad de expresión en una actividad de alto riesgo. La insistencia del régimen en bloquear la economía, sumada a una inflación galopante y al colapso de los servicios básicos, ha empujado al 89% de las familias cubanas a la pobreza extrema. La hambruna castiga a toda la población. El deterioro de la vida en Cuba en estos últimos años es de una gravedad que encoge el ánimo. El decrecimiento de la población de la isla debido a la marcha de cientos de miles de personas en apenas un lustro ha provocado, además del paisaje desierto en las ciudades, un envejecimiento dramático de la población: de Cuba se marchan los jóvenes y en ella se quedan los viejos. Trump ha dicho que la toma de Cuba podría ser amistosa. Adujo, además, que tendría el honor de tomar Cuba, pudiendo hacer lo que quisiera, debido a la debilidad del gobierno y a la situación humanitaria de la población. El uso de la fuerza militar estadounidense sería innecesario porque la ruina que sufre la isla es suficiente para buscar un cambio de rumbo. La respuesta del presidente Miguel Díaz-Canel no se hizo esperar. A través de las redes sociales acusó a Trump de anunciar planes para adueñarse de la isla y manifestó que, ante el peor escenario, cualquier agresor externo “chocará con una resistencia inexpugnable”. La caída del régimen dictatorial parece inevitable. El diálogo entre el gobierno cubano y el norteamericano, que se ha iniciado con intermitencias, podría cumplir varias funciones simultáneas: reducir tensiones inmediatas, abrir canales de comunicación, explorar áreas limitadas de cooperación, buscar soluciones a sus diferencias históricas y satisfacer a la ciudadanía cubana, que solo demanda el derecho a tener derechos.

Share this post: