Con mareos y temblores, a los 20 sufrió mala praxis y tuvo que aprender a caminar, comer y bañarse: “Era capaz de renacer”
2026-03-25 - 06:10
A los 20 años, Jazmín Cladera empezó a notar que su mundo se tambaleaba de forma literal: mareos intensos que la obligaban a aferrarse a las paredes, migrañas punzantes que le robaban el sueño y temblores incontrolables en su mano izquierda, como si un pulso invisible la sacudiera. Eran síntomas que irrumpían en su rutina diaria, convirtiendo caminatas simples en desafíos agotadores y robándole la confianza en su propio cuerpo. Lo que más la angustiaba, en medio de esa niebla de incertidumbre, era no saber qué le pasaba; los días se estiraban en un limbo de miedo y preguntas sin respuesta. Hasta ese momento, las resonancias solo revelaban una manchita misteriosa en su cerebro, un enigma borroso que ningún médico lograba descifrar. Se sentía atrapada en un laberinto médico, visitando especialistas que negaban con la cabeza y recetaban calmantes temporales, mientras ella luchaba por mantener la normalidad en su vida joven. “El diagnóstico (un glioma benigno de bajo grado) me lo comunicó mi oncólogo por videollamada, estaba ya internada en la clínica de rehabilitación con uno de mis padres. En ese momento esa no era mi mayor preocupación ya que estaba con todas las energías puestas en mi rehabilitación”. “Tuve que aprender a caminar de nuevo, comer, bañarme, a vestirme” Jazmín estaba internada en AlCLA, una clínica de rehabilitación integral con más de 50 años de experiencia en rehabilitación neurológica, durante la pandemia y, por las restricciones, no podía salir. En ese contexto, su tratamiento se limitó a resonancias de control cada seis meses. Cuando los síntomas se volvieron insoportables, la operaron. Estaba nerviosa y ansiosa, con mucho miedo, aunque el médico le había explicado que era una intervención de rutina y que al día siguiente podría volver a casa. “Me hicieron una biopsia estereotáxica (procedimiento mínimamente invasivo y ambulatorio que utiliza imágenes mamográficas 3D para guiar una aguja con precisión hacia lesiones mamarias sospechosas, generalmente microcalcificaciones no palpables, para extraer muestras de tejido) pero durante la intervención pincharon un nervio y se desató una hemorragia que me dejó con hemiplejía. Después de eso, fue como volver a nacer: de un día para el otro, tuve que aprender hasta a caminar de nuevo, a comer sola, a bañarme, a vestirme. Fue un proceso duro y larguísimo, pero descubrí una parte de mí que ni sabía que existía: resiliente, fuerte, capaz de renacer. Iba viviendo día a día, aprendiendo algo nuevo cada vez, con avances grandes unos días y chiquitos otros, pero siempre empujando hacia adelante, paso a paso”, cuenta. Jazmín comenzó la rehabilitación apenas siete días después de la biopsia, sumergiéndose en sesiones intensas de fonoaudiología, terapia ocupacional y kinesiología. Su primer logro fue volver a caminar, empezando con un bastón que se convirtió en su compañero inseparable. Poco a poco progresó, soltando las ayudas hasta lograr caminar sin nada, en un proceso larguísimo que puso a prueba su paciencia y su fuego interior. Su ancla en medio de la tormenta Mientras estaba en rehabilitación nunca abandonó la facultad, y por suerte la pandemia jugó a su favor: pudo seguirla de forma virtual, lo que llenó sus días con algo más que el silencio de la clínica. Esos momentos de estudio la ayudaron a mantener la cabeza ocupada en las horas sin rehabilitación, cuando no podía hacer otra cosa porque estaba confinada, sin poder salir. “Estudio Nutrición, y hoy estoy a punto de recibirme, trabajando en Unión de Santa Fe en la Liga Nacional de Básquet, como parte del equipo de nutrición. Fue mi ancla en medio de la tormenta, recordándome que, incluso inmovilizada, mi futuro seguía avanzando”. ¿Cómo tomaste la decisión de irte a vivir sola? Para ese momento la facultad volvía a ser presencial y quería empezar a ser más independiente y rehacer mi vida. Tenía un poco de miedo porque hasta entonces ni siquiera me bañaba sola, pero sabía que era mi única opción para mejorar, y sin dudas lo fue. Vivía con mis padres, no era solo irme a vivir sola sino trasladarme a 400 kilómetros de distancia. ¿De qué manera fuiste logrando mayor autonomía? La autonomía la fui logrando en el día a día, paso a paso. Con el tiempo, empecé a peinarme sola, a atarme los cordones sin ayuda, cosas que antes no podía hacer y me frustraban. Fue un proceso largo, lleno de intentos y caídas, pero cada logro me devolvía un pedacito de independencia. ¿Cuál es tu sueño? Recibirme y seguir trabajando en lo que me gusta, el deporte. Me gustaría viajar, terminar mi carrera y seguir creciendo profesionalmente en eso. ¿Qué mensaje les darías a las personas con discapacidad que todavía no logran salir adelante? Creo que en el proceso de la rehabilitación lo más importante es la paciencia, constancia y disciplina. Es un camino muy largo y la mayoría de las veces los avances no son rápidos o tan grandes y es importante entender eso y seguir intentándolo aunque a veces no se vean logros grandes. Todo avance por chiquito que sea, siempre suma. La historia de Jazmín es un mensaje claro de esperanza y superación personal: muestra que, aunque la vida pueda cambiar de golpe y todo parezca perder sentido, es posible seguir avanzando a partir de pequeños pasos. Su trayecto enseña que el proceso de recuperación no es lineal ni rápido, pero la paciencia, la constancia y la disciplina marcan la diferencia. Cada logro, por más pequeño que parezca, suma y se convierte en un pilar para reconstruir la confianza en uno mismo.