Como Anna Sorokin: cómo un par de impostores de sangre azul logró engañar al jet set de Nueva York bajo el apellido Rockefeller
2026-03-28 - 13:10
Durante años, Andrea Bartzen y Matthew Tomasko lograron instalarse en ambientes reservados para grandes patrimonios en Estados Unidos. Ella se presentaba como parte de la familia Cartier, mientras que él empezó a usar el apellido Rockefeller. Con esa carta de presentación, entraron a fiestas, encuentros de negocios y espacios exclusivos de la Costa Este. Cómo Andrea Bartzen y Matthew Tomasko ingresaron al jet set de Nueva York De acuerdo con un articulo de New York Magazine, Matthew Tomasko, cuyo nombre real trascendió después, había trabajado como mago y actor. Con el tiempo comenzó a presentarse como un Rockefeller vinculado al mundo de la filantropía. Incluso adaptó su imagen para parecer parte de esa narrativa familiar. “Se juntaban con la gente adecuada. Simplemente asumimos que no crecieron con nosotros, pero que pertenecían a la misma burbuja", dijo Adi Soozin, quien administra un pequeño fondo de capital privado y cruzó algunas palabras con la pareja. Andrea Bartzen, por su parte, incorporó “Cartier” a su perfil profesional y se mostraba como heredera, inversora y ejecutiva con experiencia en salud y negocios. Esa versión de sí misma le permitió moverse en reuniones donde el apellido funcionaba como credencial inicial. “Invitaba a la gente a copas y puros, era muy generosa, siempre estaba rodeada de gente y siempre sonreía y se mostraba muy alegre”, comentó a New York Magazine una persona que conoció a Bartzen en uno de esos eventos de la zona alta de la ciudad. El método que utilizaron no era complejo: llegar a eventos exclusivos, mezclarse con invitados de alto perfil, tomarse fotos con personas conocidas y usar esa validación visual para reforzar la ficción. En muchos casos, ese material servía luego para presentarse ante nuevos contactos. Al igual que Anna Sorokin, una estafadora convicta conocida por hacerse pasar por una rica heredera alemana para engañar a la élite de Nueva York y cuya historia inspiró la serie de Netflix Inventing Anna, tanto Bartzen como Tomasko utilizaron una identidad falsa, apariencia de acceso y una red de contactos construida a partir de nombres con peso social. En este caso, la pareja utilizó una organización llamada Global Passion Projects como estructura de presentación. Bajo ese sello organizaron encuentros en yates, conferencias y actividades en zonas como Palm Beach, Miami y los Hamptons, donde buscaban acercarse a familias adineradas, patrocinadores y potenciales donantes. El papel de Global Passion Projects y las promesas de inversión Con Global Passion Projects, Bartzen y Tomasko ofrecían acceso a una red de supuestos inversores y familias con alto patrimonio. Esa propuesta les permitió vender patrocinios, entradas y reuniones privadas con la promesa de futuras oportunidades financieras. Para el evento debut de Global Passion Projects en los Hamptons en agosto de 2024, Bartzen cobraba a los patrocinadores entre US$7000 y US$30.000. Para un evento en un yate durante la semana de fondos de cobertura en Miami, la pareja prometía acceso a una red de 50.000 inversores a cambio de tarifas de hasta US$12.000. Recaudación total estimada: se estima que, basándose solo en lo que pagaron los patrocinadores para el evento de agosto, Bartzen recaudó aproximadamente US$100 mil. También se promocionaban donaciones a organizaciones de salud y campañas de recaudación vinculadas a causas benéficas. Sin embargo, con el paso del tiempo comenzaron a aparecer dudas sobre el destino real de esos fondos. De acuerdo con los datos reunidos sobre el caso por New York Magazine, varias de las entidades que figuraban como beneficiarias aseguraron no haber recibido dinero. También surgieron reclamos de personas que participaron en la organización de eventos y denunciaron pagos pendientes o incumplimientos posteriores. “No ganamos dinero en el evento, así que no hay nada que donar”, dijo Bartzen a las organizaciones, según el relato de Rolise Rachel, quien se asoció para la organización del evento. Las señales que empezaron a derrumbar la historia La caída no se produjo de un día para otro. Primero aparecieron inconsistencias en la vida cotidiana de la pareja: vehículos que no coincidían con el nivel económico que proyectaban, reuniones en lugares poco habituales para ese tipo de vínculos y dificultades para cubrir gastos básicos. A eso se sumaron cuestionamientos sobre sus antecedentes. Bartzen afirmaba haber pasado por instituciones académicas y compañías de peso en el sector farmacéutico, pero distintas verificaciones pusieron en duda esas credenciales. También comenzaron a circular observaciones sobre su conducta en eventos cerrados. En paralelo, miembros de la alta sociedad empezaron a notar gestos y situaciones que no encajaban con la imagen que la pareja intentaba sostener. Desde invitaciones dudosas hasta accesos forzados a encuentros privados, la desconfianza creció entre quienes habían tratado con ellos. “Su tono de voz es extraño. Se nota que no se crió en una familia rica”, señaló Rachel. “Simplemente no tiene el vocabulario propio de esa clase social”, agregó. Poco después, a fines de enero de 2026, la mujer eliminó el apellido “Cartier” de su perfil de LinkedIn ante la presión de las investigaciones. El articulo de New York Magazine no menciona arrestos ni investigaciones criminales formales hasta el momento.