Claudio “Turco” Husaín: su “nueva” popularidad, la depresión que superó y la historia de amor que le cambió la vida
2026-03-28 - 03:10
Alejado de las canchas desde hace más de una década, Claudio “Turco” Husaín supo reinventarse y hoy atraviesa un presente impensado: volvió a ganarse el cariño masivo del público, esta vez desde la televisión, gracias a su paso por MasterChef Celebrity. Su paso por el reality le permitió volver a mostrar su competitividad pero también su humor, y así logró conquistar el corazón de grandes y chicos. “Este programa me ha dado la posibilidad de disfrutar, así que estoy en eso. En disfrutar todo lo que viene”, le confiesa a LA NACION el exfutbolista, que llegó hasta la semifinal del certamen y hoy tiene muchos proyectos en Telefe. Ídolo de Vélez Sarsfield (donde se formó desde chico), este deportista construyó una sólida carrera que lo llevó a jugar en River Plate, Newell’s Old Boys y en países como México y Chile. También vistió la camiseta de la Selección Argentina y disputó un Mundial, el sueño máximo de cualquier futbolista. View this post on Instagram Sin embargo, el final de su carrera no fue sencillo. Su retiro significó un golpe difícil de asimilar que se tradujo en una profunda depresión que lo llevó a aislarse, a subir considerablemente de peso y a perder el rumbo de su vida durante casi dos años. “Me hice mucho daño a mí mismo, me di vergüenza a mí mismo”, recuerda sobre esa época oscura de la que salió gracias al apoyo de su familia. Hoy, la vida parece darle revancha y una nueva oportunidad. Mientras incursiona en el mundo del streaming junto a su amigo Maxi López, Husaín está negociando su participación en La Peña de Morfi y su viaje al Mundial. “Me encantaría viajar por el hecho de que es el último de Messi; el último de muchos en realidad”, advierte este fanático del capitán de la Scaloneta. -Sos todo un personaje televisivo... ¿Cómo estás viviendo este presente? -Bien, normal. Volvió una popularidad pero más masiva, porque me pide una foto el nenito que no vio lo que yo hacía antes, la señora, la abuela, los padres en la puerta del jardín. No puedo entrar al jardín cuando llevo a mi nene; me saludan todos. -¿Y cómo lo vive tu hijito, Mateo, de 4 años? -Bien, él no se da cuenta. Cuando me piden una foto, tiene que estar en la foto porque si no se pone a llorar (risas). -¿Ya te habían convocado para hacer Bake Off y dijiste que no porque la pastelería no era lo tuyo. ¿Por qué esta vez sí? -Me llamaron para Bake Off pero yo sabía que la iba a pasar mal porque no me llevo bien con lo dulce. Les dije: “Te agradezco la invitación, pero no te voy a servir porque soy malo”. Como no podían convencerme, les dije: “Hagamos una cosa: Si hay algún MasterChef y me querés llamar...” pero lo dije por decir, para cortar la conversación. Cuando me llamaron también dije que no, pero empecé a tener presión en casa. “Andá porque vos acá cocinas, la vas a pasar bien”. “El Pelado” López es vecino mío y amigo y también empujó ahí. Pablito Giralt también amigo le dijo a la gente de Telefe: “No dejen de llamarlo. Insistanle”. Y bueno, con toda esa presión dije que sí. -¿Y en tu casa sos el que cocina en vez de tu mujer? -Sí, bastante. Me gusta con tiempo, no con una hora (risas). Pero lo paso bien cocinando, me gusta. -¿Cómo fueron todos esos meses cocinando en un estudio de televisión y con personajes que no conocías? -No conocía a nadie, salvo a Maxi y a Wanda, con quien me reencontré después de mucho tiempo. Yo los conozco desde que nació esa relación prácticamente. Fui al casamiento, los he ido a ver a Catania, Italia cuando Valentino (que hoy tiene 17) tenía dos añitos y Coqui era recién nacido. La pasé muy bien con ellos. -O sea que también viviste todo el tema de la separación y el sufrimiento de Maxi por no poder ver a los chicos... -Sí, viví un poco esa situación incómoda. Hoy me pone muy feliz este presente de ellos. Por Maxi principalmente que lo quiero un montón y es mi amigo y por Wanda también, porque desde su lado vivió cosas que le parecían a ella que tenía que decir. Y aparte por los chicos también que son muy buenos los tres; son divinos los pibes. -Después del fútbol parece que la vida se termina y, en el caso de ustedes dos, este programa les dio otra oportunidad... -Sí, hay una frase que yo adopté y que es verdad: “Nosotros morimos dos veces: cuando se nos acaba el deporte (el fútbol) y cuando nos toca la hora de partir”. A nosotros se nos apaga la luz a los 36, 37, y después te encontrás con la vida misma. No sabés para dónde ir. Por lo menos en mi caso, me costó encontrar el rumbo. Y este programa como que nos hizo un mimo al ego y al corazón, porque la verdad que fue un viaje de egresados. Conocí personas fantásticas: Miguel Ángel Rodríguez, un fenómeno. Eva (Anderson), con la que creció una amistad bárbara; como no me gusta manejar entonces siempre me enganchaba con ella en el auto. Julia Calvo, una divina. Cachete... -Tan amigo te hiciste de Eva que cuando pasó lo de Ian Lucas quedaste pegado... -¡Quedé pegado! Por lo que conocí de Ian, me parece un pibe frontal. Si te tiene que decir algo, no sé si va con un comunicado; salvo que quiera evitar los micrófonos, pero en este medio es inevitable. En algún momento vas a hablar. Qué sé yo, me cuesta creer en ese comunicado. -¿Hiciste un poco de Cupido en esa pareja? -No, no, nada (risas). Ya cuando empecé a viajar con ellos, creo que ya había sucedido el tema. No tenía mucho para aportar (risas). Son dos pibes divinos. -¿Lo entendiste un poco a él también? -Yo soy de otra época. Los chicos de ahora se manejan distinto, hablan distinto. A mí me criaron desde el silencio. Pasó lo que pasó, pasó. No te quieren blanquear, te quieren blanquear, salimos de la mano... Qué se yo. Yo soy de la época que no hay que hablar, queda en cada uno. Pero bueno, también entiendo que hoy son otros tiempos y los chicos hoy consumen otras cosas que los llevan a reaccionar como pueden. -Dio la sensación de que este grupo fue casi como un viaje de egresados. Se hablaba hasta de vacaciones todos juntos... -Sí, sí, se habla todavía. Hay una propuesta de Eva para ir al sur. Hay que ver qué fecha para que combinemos la mayoría. -Hay dos bajas, porque Ian Lucas no creo que vaya y a Esteban Mirol lo sacaron del grupo de Whatsapp, ¿no? -Bueno, Esteban por cuestiones de algo que no tendría que haber sucedido, y aparte se tiró directamente contra Marixa. La piba es un fenómeno, laburante, se pone la camiseta de donde la contratan. Me parece que haber hecho eso... El grupo dijo: “Marixa, tenés la decisión vos, el grupo te apoya”. Eran todos administradores de grupo para que no haya ningún conflicto. Entonces cuando Marixa explicó el tema, todos lo entendimos. Tampoco creo que él tenga ganas de venir con nosotros, puede ser terrible ese viaje (risas). -Con 36 años, atravesaste una depresión muy fuerte... ¿Qué recordás del día después al fútbol? -Sí, llegué a pesar 130. Tengo un blanco grande del día después, porque ahí caí en que no jugaba más, en que no me levantaba más temprano, en que el teléfono no sonaba más. Yo me sentía bien, todavía estaba como para jugar un año más. Me quería retirar jugando, pero cuando sufro el terremoto grande de Chile de 2010 (yo estaba jugando allá), decido volverme. Corto el contrato y decido volverme. Le dije a las autoridades del club: “Miren, yo no quiero nada de mi contrato. Solo que me dejen ir, cancelarlo acá. Yo no les cobro, ustedes no me cobran la multa y nos ponemos de acuerdo para que el contrato quede nulo”. Yo ya la estaba pasando mal. Dormía con la puerta abierta y vestido por las réplicas. El terremoto fue de 8.5 en Santiago y en Concepción (que fue el epicentro) fue de 9 puntos. Fue muy grande, hizo un desastre y fue muy trágico lo que vi. En medio de ese panorama, yo me salvé y entendí que no podía seguir viviendo así. Las autoridades del club me entendieron y me dejaron venir. Yo pensé: “Consigo un club en Argentina y me retiro jugando”, pero no lo conseguí y caí en esa depresión donde no fui para nada feliz. -¿Qué recordás de esos meses? -Me hice mucho daño a mí mismo, me di vergüenza a mí mismo. Nunca me perseguí por lo que pensara el otro, pero no me gustaba lo que me devolvía el espejo y fue un tiempo largo. Fueron dos años muy largos. No salía de mi casa. Yo vivía en un barrio cerrado y cuando veía que las familias ya estaban en sus casas, ahí daba una vuelta pero enseguida me metía en mi casa. Me volcaba en cosas que no le recomiendo a nadie como tomar, por ejemplo. Nunca me pasó de pensar lo peor, a ese punto nunca llegué pero sí de llorar mucho tiempo por no jugar al fútbol. Y un día me levanté distinto. Me vi al espejo y dije: “Hasta acá”. Entonces cuando la gente ya estaba en sus casas cenando, tipo 10, 10.30 de la noche, salía a caminar y ahí empecé de a poco. Salía bien emponchado para transpirar y perder peso. Así estuve un par de meses largos. Al año empecé a ir al gimnasio, a sociabilizar y a volver a jugar con amigos. -¿Quiénes te contuvieron en ese momento? Porque no creías en los psicólogos... -No, lo intenté y no funcionó. No me funcionó a mí, por ahí a otros sí. Pero yo sentía que no tenían la solución para mí. Tenía a la familia al lado, pero no entienden lo que a vos te pasa. Yo no podía explicar el dolor que yo sentía de no jugar más. Yo te puedo contar lo que me pasa, no lo que siento. Entonces eso me hizo encerrarme mucho. Me recluí en mí mismo por completo y ahí caí. -¿Extrañás el fútbol? -Gracias a Dios cuando superé esto, pude superar el extrañar el fútbol. Me encanta jugarlo pero con amigos. -¿Y verlo? -Verlo me vuelve loco. Te veo hasta el Argentino A. Me encanta. -¿Qué opinas sobre la Selección Argentina? -Que estamos en la mejor camada que tuvimos en todos los tiempos. De los mejores. No estoy diciendo que la de Diego [Maradona] no lo haya sido, que era ídolo máximo, pero esta camada es impresionante. -¿Cómo recordás tu experiencia en la Selección? -Fue hermosa a nivel individual. A nivel grupal nos salió mal, pero bueno, haber sido parte de los 23 que fueron a la cita máxima a la que aspira un futbolista es un honor. Me lo llevo para siempre. -¿Y en Vélez? -Vélez me dio todo lo que se le puede dar a un chico de nueve años hasta un pibe de 25 que se fue. O sea, fue mi cuna. Nací ahí. Le debo todo a Vélez, a nivel deportivo todo. -¿Y River? -Y River es la experiencia del sueño logrado, de llegar a un grande. La mitad del país te mira. Sos observado todo el tiempo. -¿Escuchabas lo que los periodistas deportivos decían de vos o te enojabas? -Me enojaba mucho. No hablaba yo con la prensa. No los odiaba, pero no les hablaba y en algunos casos me daba bronca los comentarios que hacían. Entonces decidí un tiempo largo no hablar y ellos creían que era agrandado. No nos tratábamos bien mutuamente. Pero cuando a los 40 años me puse a estudiar periodismo deportivo, ahí me di cuenta que el equivocado era yo. Vi que hacían un sacrificio enorme y me maldije por no haberles dado la nota. Por ahí era un pibe que venía con su grabador y se había tomado tres colectivos para llegar. Ahí me arrepentí de un montón de cosas. Entonces me paré delante del curso y les pedí disculpas a todos. -¿Qué podés decirme de Maradona? -Un fenómeno. Me brindó todo cuando estuve al lado de él. Todo lo que tenía y lo que no tenía también. Me quedo con el Diego persona porque al jugador lo amamos todos, pero el Diego persona lo han conocido pocos. Compartí asados con amigos, partiditos; era un genio. -¿Cómo te pegó su muerte? -Como si hubiese perdido a un familiar. Me enteré al aire haciendo el programa de DirecTV con Pablito Giralt. A él le toca dar la información y fue tremendo. Fue terrible. Un dolor muy grande. Él tendría que estar acá hoy. Y te digo más: si él estaría vivo, entraría en un MasterChef porque le encantaban esas cosas (risas). -O volvería a la casa de Gran Hermano... A vos te veo en la casa de GH. -¿Quedándome a dormir? No, no. Puedo hacer un desastre porque no sé si se aguantarían las bromas que les puedo hacer. Termino ahogado en la pileta (risas). -¿Bloqueás gente cuando critican a Messi? -¡A todos! No los escucho porque mezclan todo. Cuando mezclan el deporte con la política (algo que no tiene nada que ver con un futbolista) no me interesa, porque es gente que desconoce. Messi es futbolista, es deportista, no es político, no es embajador. La foto que le critican todos en la Casa Blanca es por darle la mano al presidente de los Estados Unidos siendo el capitán de un equipo que salió campeón y que fue todo el equipo. No fue él solo. Y es ritual en los Estados Unidos que cada campeón visita al presidente. Para mí cumplió con un protocolo y punto. -Contame sobre esa historia de amor con tu mujer, un amor que se cortó y al que volviste a reencontrar mucho tiempo después... -Con Romina nos conocimos en 2004. Yo jugaba en River y empezamos a salir. De repente, River resuelve venderme a México en 15 días. Yo me entero (que es el día de hoy que ella no me cree) por la tele que me vendieron. Estábamos cenando y me dice: “¿Ese no sos vos?”. “Sí, ¿Qué pasó?”, le digo. Cuando se cerró el pase a Tigres de Monterrey, le propongo si me quería acompañar, pero era una locura. Hacía 15 días que nos conocíamos y de ahí directo a la convivencia. Fue algo maratónico. Éramos tan distintos que había muchos roces y cuando llegamos a Buenos Aires, en el parate de las Navidades, nos separamos. -¿Y entonces qué pasó? -Ella se radica en Chile, yo vuelvo a México. Termino mi contrato, vuelvo a jugar a Newell’s y después voy a jugar a Chile. Cuando me retiro, empiezo a trabajar en DirecTV y el canal me manda a cubrir la Copa América 2015 a Chile. Ella salía de hacer un reality (que ganó de hecho) y era furor allá. Y yo iba con un programa muy visto en Latinoamérica. Cuando nos empezamos a ver de nuevo, era todo a escondidas porque ella era muy popular allá. Te digo más, una noche entramos en mi departamento tipo 2 de la mañana para que nadie nos vea y el ascensor era de vidrio. Justo en el otro ascensor de enfrente subía Matías Martín. Nunca dijo nada, pero nos descubrió (risas). -Y a partir de ese momento no se separaron más... -No, yo volví para la Argentina y ella tenía que resolver unos temas en Chile para venir. Y acá estamos, desde 2016. -¿Te casaste? -No, si ganaba MasterChef me casaba. Este año seguro no, pero vamos a hablar seriamente del tema. Romina me dio lo mejor que tengo en mi vida. Primero, ella se la jugó por mí al venir acá y dejar todo en Chile. Hemos pasado momentos juntos importantes y difíciles para la pareja (como fue la pandemia) y después vino Mateo. Lo mejor que tengo me lo dio ella. View this post on Instagram -En esto de las revanchas de la vida, hoy estás haciendo streaming con tu amigo Maxi López... -Sí, Andá pa’ allá es en el stream de Telefe. El canal confió en nosotros para este proyecto. Estamos con Grego Rossello, Sarita Sklate (que es una periodista que sigue mucho a River y que está en TNT) y Agusneta, que la está rompiendo en todos lados también. Es un mundo nuevo para mí, pero la paso bárbaro. Me encanta porque aparte el grupo es divino. -¿Y es verdad que vas a estar en La Peña de Morfi? -Se está hablando. Estoy viendo porque se viene el Mundial y tendría que definir qué van a hacer conmigo, pero seguro se va a encaminar.