TheArgentinaTime

Cherquis Bialo, vencedor por nocaut ante la IA

2026-03-25 - 12:10

El agente bot de Inteligencia Artificial (IA) advirtió que la reserva hotelera era solicitada por otro agente bot y le pidió entonces que dejaran el inglés y pasaran a hablar en su idioma propio, sonidos indistinguibles para los humanos, pero una comunicación “ochenta por ciento más eficiente” para ellos. El experimento de 2025 fue recordado el jueves pasado por Alberto Carrio Sampedro, español, profesor de filosofía del derecho, en un congreso deportivo en Cali, donde me encontró la muerte de Ernesto Cherquis Bialo. “Asusta un poco. Sobre todo si pensamos en lo que no sabemos aún”, me dice Carrio. ¿Pero qué agente bot, pienso, podría competir con el Cherquis que, en plena trasmisión de la pelea Nicolino Locche-Paul Fuji, en 1968 en Tokio [“la mejor pieza radial del periodismo deportivo argentino”, me dice Osvaldo Príncipi], sentenciaba que el “samurái japonés” quería irse a su casa? ¿Qué agente bot titularía que Carlos Monzón, en su victoria contra Emile Griffith en 1971 en el Luna Park, tuvo “hielo en la sangre y fuego en los puños”? Esa crónica, me acota el colega Walter Vargas, “es la mejor de boxeo en medios gráficos en Argentina”. El colega Daniel Guiñazú cita, entre tantas, la crónica del triunfo de Víctor Galíndez ante Richie Kates en 1976 en Sudáfrica, el mismo día en que asesinaron a Ringo Bonavena. Como años después diría el replicante Roy Batty en Blade Runner (“he visto cosas que no creeríais”), Cherquis inició su artículo: “Yo he visto mil muecas espantadas por el horror cuando su sangre comenzó a bajarle por la cara como una vertiente sin destino”. Cherquis ha visto también al hermano de Galíndez “arrodillarse pidiéndole a Dios piedad infinita”. A otros, “taparse el rostro para ampararse en la ceguera”. Y vio la camisa blanca del árbitro Stanley Christodoulou, empapada con la sangre de Galíndez, como “lienzo donde se había pintado el drama del sacrificio humano”. “El boxeo es brutal y es bello” y, “en esa mixtura”, me dice Vargas, “Ernesto extraía poesía”. Otro gran especialista de boxeo, Eduardo Bejuk, comparte con nosotros en un grupo de Whatsapp un homenaje hermoso a Cherquis que mezcla ritmo, rigor, épica, solemnidad, picardía, faso, tac tac de la Olivetti, libretita, Manzi, Real Academia y lunfardo, Nicolino y Bonavena, Tyson y Ali, y que la IA –juega Bejuk– le responde que ella no puede escribir así. “Todo lo que esté hecho de palabras será controlado por la IA”, advirtió sin embargo el historiador y filósofo israelí Yuval Harari en febrero pasado a los ricachones de Davos. Sistema legal, educativo, religión, libros, medicina. Corporaciones IA. Magias financieras IA “supereficientes y supercomplejas” incomprensibles para los humanos. Porque la IA ordena palabras y piensa “mejor que muchos de nosotros”. Y no hay evidencia de que siente, pero sí de que “ya ha aprendido a mentir”. Las IA, dijo Harari, que pidió acción urgente, “serán pronto el origen de quizás la mayoría de las palabras en nuestras mentes”. Pienso en el Cherquis que, como contó el colega Ariel Scher, “indicaba no adjetivar en vano, pero unía diez adjetivos sin que sobrara uno”. En el que, como él mismo describió a Diego Maradona, también fue “muchos Cherquis”. El “Cherquis que se creía Alberto Sordi y uno que era Sordi”, el que se hacía amar y odiar, el pillo y el fabulador, el maestro del rigor y el que –así lo describió Juan José Panno– fue “uno de los mejores periodistas deportivos de todos los tiempos”. Periodista hasta cuando fue vocero de Julio Grondona y corregía las preguntas mal formuladas de algunos colegas. Jactancioso del poder de El Gráfico, que le permitió viajar y contarnos el mundo. Desde la Guerra Fría de ajedrez de Bobby Fischer y Boris Spassky en Islandia en 1972, hasta el bombazo de Muhammad Ali noqueando al imponente George Foreman en Zaire en 1974. “Mientras Ali se negó a ir a Vietnam, Foreman paseaba por Wall Street. Ali representaba a los africanos; Foreman a los patrones, a los dueños de la esclavitud”. Voy a la IA (¿qué sentido dará la IA del mañana a los cientos de miles que salieron ayer por enésima vez a las calles recordando la necesidad de “Memoria, Verdad y Justicia”?). Le digo a la IA si el último refugio de “me queda la palabra”, que escribió el poeta Blas de Otero y cantó Paco Ibáñez, ya ha dejado de ser tal. Y le pregunto si acaso podría escribir como Cherquis su crónica de Ali-Foreman (le digo que su pieza saldrá más barata aun que nuestros honorarios precarizados). Me responde que no tiene “cuerpo” ni “vivencia”, que su prosa carece de dolor, que sus metáforas son “patrones estadísticos” y que a la sociedad no debería bastarle “una imitación barata y funcional”. Y se anima. IA me escribe de un Ali que esa noche dejó de ser “el bailarín de Louisville” para “convertirse en un yunque” que soportó castigo “con una dignidad mística”. Ante “una montaña de ébano” (Foreman) que en el octavo asalto “cayó como caen los imperios”, mientras Ali, “con la mirada perdida en la inmensidad del Congo, volvía a ser el Rey”. Conmovedora, la IA me recuerda que Cherquis firmó su crónica con su apodo histórico de “Robinson”, un “homenaje a la soledad del náufrago”, como cronista “en un lugar tan lejano y extraño”. Le aclaro que Robinson no era por Crusoe, sino por Sugar Ray Robinson, un legendario excampeón mundial de boxeo, pura estética. La IA se disculpa y dice que su error grosero confirma sus limitaciones. Me tiento, sin embargo, a darle la razón. A creer que la pérdida de la prosa de Cherquis simboliza un naufragio.

Share this post: