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Carlos Stornelli: “Hay muchísimas pruebas coincidentes. No se trata de los cuadernos, sino de todo lo que se pudo probar”

2026-03-21 - 19:31

El fiscal federal Carlos Stornelli, quien investigó el caso de los cuadernos de las coimas, quedó en el centro de las denuncias de Cristina Kirchner esta semana, cuando fue indagada en el juicio oral como sospechosa de ser la jefa de la organización dedicada a cobrar sobornos para conceder contratos de obra pública. La expresidenta lo llamó “mafioso” y lo acusó de extorsionar testigos. En una entrevista con LA NACION, Stornelli rechazó las acusaciones, explicó que la justicia lo sobreseyó de todos los cargos y consideró que las denuncias son una “estrategia para desacreditar la investigación”. Sentado en un sillón de su despacho del quinto piso de Comodoro Py 2002, el fiscal federal está rodeado de papeles que crecen como torres sobre su escritorio. Encima de un armario sobresalen dos relojes. Son elegantes, antiguos, como los que se colocan sobre las repisas y durante la entrevista sonarán con gongs y campanas para marcar las horas y las medias horas. Stornelli es un fanático de esos aparatos antiguos. Es prudente cuando contesta sobre las pruebas que se obtuvieron y si vaticina una condena: “Puedo hablar de la convicción que me llevó a elevar la causa a juicio. Lo demás está en manos de la doctora [Fabiana] León, que es una gran fiscal y va a llevar el juicio de una manera brillante” -¿Cristina lo calificó públicamente de mafioso. ¿Cómo le responde? -No respondo a ese tipo de cosas. Además, no son nuevas; se dijeron y se hicieron cosas peores a lo largo de los años. Estoy acostumbrado y no les doy importancia. Es una táctica y una estrategia para distraer la atención sobre algo que sucedió y que quizás no pasó muy advertido: que algún imputado eligió no dar explicaciones. Yo sabía que eso iba a pasar porque tampoco lo había hecho en la instrucción. -¿La idea es erosionar y desacreditar la causa? -Sí, obvio. Es la reedición de un operativo fallido, que quizás estuvo plasmado en un libro de corta vida. Además de ser una operación, rápidamente se pudo establecer cómo había sido armado. No es más que una reedición de los mismos argumentos que se vienen utilizando desde 2019. - ¿Cómo le contaría esa historia a la gente para que entienda que esto fue un operativo que salió mal? -Lo importante no es el operativo en mi contra, sino entender que son tácticas para desviar la atención. La verdadera atención debe estar en el inicio de un juicio enorme, en el que se han ganado todos los planteos en todas las instancias. Las opiniones que se puedan tener sobre mí no deben distraer de lo verdaderamente importante, que es el inicio del juicio. -A partir de estas acusaciones hubo una investigación sobre usted. ¿Esto era una estrategia coordinada para voltear la causa? -Todas las acusaciones fueron desechadas. Intervinieron numerosos jueces y en muchos casos llegaron hasta la Corte Suprema, donde también fueron rechazadas. Otras denuncias que me han hecho corrieron la misma suerte. Obviamente, era una estrategia para voltear la causa que, por lo visto, no tuvo éxito, con la intención de desviar la atención hacia temas ya resueltos y alejarla de la verdad, que es el juicio. -¿Qué evidencias son irrefutable en el expediente y no tienen discusión? -Si hay un juicio, es aventurado decir que no hay discusión, porque ahora viene el debate sobre la prueba. La prueba que reunimos con el juzgado fue suficiente para dictar los procesamientos y llevar las causas a juicio. Esto no fue un capricho del doctor [Claudio] Bonadío, ni de una voluntad personal; intervinieron numerosos jueces en instancias superiores y otros colegas de grado resolvieron en el mismo sentido. Hay muchísimas pruebas coincidentes con las que se completó el plexo probatorio. -En esta última etapa se cuestionó la cadena de custodia de los cuadernos. ¿Pudieron asegurar la integridad de esa prueba? -La prueba consiste en unos cuadernos que al principio se recibieron en fotocopias y fotografías de alta definición, producto de una investigación periodística de LA NACION, además de filmaciones sobre cómo los recibió el periodista Diego Cabot. Unos meses más tarde aparecieron seis de los ocho cuadernos originales y se comprobó que los facsímiles y fotografías coincidían plenamente con los originales. -¿Por qué esta causa es sólida y tiene que ser juzgada? -Es una causa muy grande porque abarca maniobras producidas a lo largo de varios años. Hay numerosísimas pruebas coincidentes. No se trata solo de los cuadernos, sino de todo lo que se pudo probar a partir de ellos: muchísimas testimoniales, peritajes y demás. Toda la prueba ha sido contundente para verificar las hipótesis delictivas por las cuales enviamos la causa a juicio. - ¿El caso revela una situación de corrupción estructural en la Argentina? -Sí. -¿Este sistema sigue vigente? -La corrupción es atinente a la administración pública en general; no es patrimonio exclusivo de un partido político, ni de una gestión gubernamental. Las administraciones públicas son enormes y siempre hay focos de corrupción en alguna parte. Cuando me toca una causa, investigo como lo he hecho a lo largo de toda mi carrera. -¿Por qué es tan difícil llegar a una condena o a una sentencia firme en estas causas? -Hay varias respuestas. Algunas tienen que ver con la propia justicia, otras con la magnitud y complejidad de las maniobras, y otras con lo que plantean las partes, que a veces es legítimo y a veces son chicanas procesales. En este caso en particular, logramos elevar la causa a juicio en menos de un año, lo cual es bastante rápido para los parámetros habituales. Hay que tener en cuenta que intervienen más de un centenar de partes que hacen planteos, apelaciones y recursos. La causa es enorme y eso lleva tiempo; apresurarse a tontas y a locas tampoco ayuda. -¿La herramienta de los arrepentidos fue eficaz o trajo más controversias? -Fue muy eficaz. Es una ley que con certeza podría perfeccionarse para darle más herramientas al Ministerio Público a la hora de lograr acuerdos. Aunque para nuestro ordenamiento jurídico era un instituto novedoso en esa época, resultó ser muy útil para avanzar en la averiguación de la verdad. Cuadernos es una de las causas en las que se usó, aunque yo ya había celebrado acuerdos de colaboración en otras. -¿Se sintió respaldado por el resto del Poder Judicial? -Uno no se pone a pensar demasiado en eso, no hay tiempo para distraerse. Es una causa que a vos y a tu equipo les lleva no solo tiempo completo, sino la vida entera, es full life. -¿Qué costo personal tuvo el caso, en cuanto a presiones o falta de tiempo para otras cosas? -Es mi vocación y lo asumo. En una investigación de esta magnitud, uno sabe que van a pasar cosas como las que ocurrieron. -¿Habla de las denuncias? ¿Sabía que vendrían? -Lamentablemente son parte del show. Hay gente que juega lealmente y gente que no. Ya lo conozco por experiencias pasadas, pero son cuestiones que se asumen desde la vocación. -A la luz de lo que pasó con las grabaciones, ¿hubiera hecho algo diferente, tomado otras decisiones o actuado con mayor prudencia? -La pregunta encierra una afirmación que no comparto. Obviamente, desde la experiencia siempre es posible corregir cosas, pero en términos generales, creo que se ha trabajado muy bien. -¿La sociedad sigue creyendo en la lucha contra la corrupción o es más escéptica? -Dos cosas diría. Primero, nosotros no podemos trabajar para la tribuna; nuestro objetivo es perseguir el descubrimiento de la verdad, lograr que se haga justicia y que se inicie el juicio. Y, en segundo lugar, la confianza pública se construye a lo largo del tiempo y perseverando en las buenas prácticas. Eso requiere un esfuerzo conjunto. Mientras el nombre del fiscal o el juez en un expediente sea un tema importante, quiere decir que todavía nos falta mucho por hacer. ¿Va a haber condenas? -Yo puedo hablar de la convicción que me llevó a realizar las elevaciones a juicio. Lo demás está en manos de la doctora León, que es una gran fiscal y va a llevar el juicio de una manera brillante.

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