Bryan Adams, en la Argentina: nostalgia, baladas clásicas y un inclaudicable espíritu rockero
2026-03-16 - 16:03
Dueño de una trayectoria cercana a las cinco décadas y plena de premios, reconocimientos y distinciones, Bryan Adams trascendió a nivel internacional fundamentalmente a través de sus consabidas baladas que se adueñaron de las emisoras de FM desde mediados de los años ochenta y durante gran parte de los noventa. Sin embargo, y más allá de una notoria amplitud estilística que abarca tanto al folk como al pop y a las melodías de tiempos medios, el artista canadiense jamás ocultó una más que especial devoción por el rock en la senda de célebres figuras como, entre otros, Bruce Springsteen, John Cougar Mellencamp e inclusive John Fogerty. View this post on Instagram Precisamente ese costado rockero que asomó en todo su esplendor y como parte de su ADN musical en Reckless, su consagratorio cuarto álbum lanzado en 1984, es el que volvió a aflorar en el presente de la mano de Roll With The Punches, su más reciente trabajo discográfico y pretexto de una nueva gira mundial que lo devolvió a la Argentina tras siete años de ausencia. Haciendo hincapié desde el concepto general de su nuevo álbum y desde su título (que podría traducirse tanto como “adaptarse a las circunstancias” o más literalmente “rodando a los golpes”) en el tópico de la resiliencia; refiriéndose al hecho de superar los obstáculos y las adversidades que se presentan en la vida y a saber sobreponerse y a volver a estar de pie después de cada caída por más dura que sea, Adams edificó un contundente y enérgico concierto que contagió al público que colmó las instalaciones del Movistar Arena luciendo unas atractivas pulseras luminosas cuyos colores iban mutando de acuerdo a las características de cada tema. A lo largo de casi dos horas y media y desgranando poco más de una treintena de canciones, el músico de joviales 66 años brindó un amplio y exhaustivo recorrido por sus grandes clásicos intercalados con sus más nuevas creaciones. Y en ese sentido, sonaron “Never Ever Let You Go” (con una intro que recuerda a Coldplay), el toque calmo de “Will We Ever Be Friends Again” y el soplo bien rockero de “Make Up Your Mind” y “Roll With The Punches” mientras un gigante guante de boxeo inflable surcaba las alturas del recinto en alusión a la portada de su último disco. Echando por tierra aquella máxima que indica que todo inicio de show debe ser de alto impacto y bien arriba, Adams apareció de sorpresa sobre una pequeña tarima ubicada al fondo del estadio y próxima a la consola de sonido, acompañado solamente por su guitarra y una armónica para dar la bienvenida de una manera austera y de la mano de sentidas versiones acústicas de “Can ́t Stop This Thing We Started”, “Straight From The Heart” y “Let ́s Make A Night To Remember”. Acto seguido, y ya ubicado en el escenario principal junto a su banda, el clima viró totalmente hacia el lado del rock a través del poderío de “Kick Ass” y las celebradas “Run to you”, “Somebody” y “18 till I die”. View this post on Instagram Una enorme pantalla LED como telón de fondo ofició de sobria puesta en escena para un espectáculo que estuvo en un ciento por ciento centrado en la música. Lejos de los efectos especiales y de la parafernalia que suele rodear hoy en día a la mayoría de los conciertos, en vivo la propuesta de Bryan Adams se caracterizó por su simpleza y su sencillez, las mismas que el propio artista destiló tanto en su manera de vestir (clásica remera negra acompañada por una campera y jean al tono) como de dirigirse al público con iguales dosis de simpatía, respeto y amabilidad. Y es justamente esta manera de desenvolverse en escena la que le permitió tomarse una selfie con una fan en pleno show con total naturalidad y la que logró crear un fluido ida y vuelta y una atmósfera de intimidad y proximidad como si estuviera tocando en un bar pequeño en lugar de una arena con capacidad para 15.000 personas, “Hola, guapas y guapos. Ahora vamos a tocar un tema muy viejo, de 1983. Y lo vamos a acompañar con su video original en el que aparezco con mucho más pelo que ahora. Así que por favor les pido que no se burlen de mí”, bromeó a la hora de presentar “This Time”, una de sus primigenias composiciones que sonó luego de las contagiosas “Please Forgive Me” y “Heaven”, un clásico interpretado en un tempo más acelerado que la versión original y con un aire un tanto más folk. Cruda, potente y por momentos garagera. Así sonó la ajustada banda de apoyo integrada por los destacados Luke Doucet (guitarra), Gary Breit (teclados) y Pat Steward (batería). Por su parte, y encargándose tanto del bajo, la guitarra (ya sea eléctrica, acústica y española) y la armónica, Adams llevó adelante las riendas del concierto mostrándose en muy buena forma física, pero sobre todo vocal, conservando intacto su característico registro áspero, rocoso y que a esta altura de su carrera ya es toda una marca de fábrica. Esa que lo emparenta sin escalas con colegas de la talla de Rod Stewart y el ya citado Springsteen. Independientemente de la contundencia instrumental mostrada por los músicos en su conjunto, bien vale señalar también su versatilidad: esa que les permitió transitar con notable soltura desde pasajes de alto voltaje rockero como “You Belong To Me” (con un guiño a “Blue Suede Shoes” de Carl Perkins) y el inoxidable “Twist And Shout” (en donde el propio Adams invitó al público a revolear sus remeras o cualquier prenda que tuvieran a mano) hasta segmentos de perfil ibérico (“Have You Ever Really Loved A Woman?”), algunos más románticos -“Here I am”, “When You’re Gone” y “(Everything I Do) I Do It For You” - y otros decididamente pop rock como “One Night Love Affair” y “The Only Thing That Looks Good On Me Is You”, que hacia el final se entremezcló con un fragmento de “Song 2” de Blur. Claro que antes de abandonar definitivamente el escenario dio su estocada final mediante tres temas que no podían estar ausentes y que fueron coreados por toda la multitud: “Summer Of ‘69” con su irresistible riff del comienzo, “Cuts Like A Knife” y “All For Love”, la balada que inmortalizó en compañía de Sting y Rod Stewart para el film Los tres mosqueteros (1993). “Muchas gracias por venir. Yo toqué varias veces en Argentina pero el de esta noche fue el mejor concierto de todos los que di aquí. Esto ha sido increíble”, confesó a modo de despedida un Bryan Adams visiblemente emocionado e impactado por lo vivido a lo largo de una intensa y emotiva velada que, con sus climas variados y cambiantes, su corazón nostálgico y su espíritu rockero, sin duda alguna superó ampliamente las expectativas de hasta el fan más exigente.