Boda sangrienta 2 se queda atrás de su ingeniosa antecesora, pero divierte y rinde homenaje al cine de terror
2026-03-19 - 16:10
Boda sangrienta 2 (Ready or Not 2: Here I Come, EE.UU. / 2026). Dirección: Matt Bettinelli-Olpin, Tyler Gillett. Guion: Guy Busick, R. Christopher Murphy, Matt Bettinelli-Olpin, Tyler Gillett. Fotografía: Brett Jutkiewicz. Edición: Jay Prychidny. Elenco: Samara Weaving, Kathryn Newton, Elijah Wood, Sarah Michelle Gellar, Shawn Hatosy, David Cronenberg. Calificación: Apta para mayores de 16 años. Distribuidora: Disney. Duración: 108 minutos. Nuestra opinión: Buena. “Doble o nada”, dice la frase promocional de Boda sangrienta 2. No se trata de publicidad engañosa; es la idea que guía a la película dirigida por Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett. Ir por más, más, más, tiene lógica, tratándose de una secuela. Se supone que las segundas partes tienen que ofrecerle al público lo que le gustó de la primera, pero aumentado. Lo que en el universo de Boda sangrienta quiere decir más sangre, asesinatos aún más cruentos, personajes más excéntricos, y más comedia. Aunque cumpla con estos preceptos, o tal vez por eso mismo, Boda sangrienta 2 se queda un poco por detrás de su ingeniosa antecesora. La primera parte tenía un estilo maximalista, que se jugaba por el absurdo de la situación que presentaba y la excentricidad de sus personajes. No era una película sutil, pero contaba con una ambigüedad en su trama, la duda sobre si realmente había fuerzas sobrenaturales involucradas o solo se trataba de una leyenda que un grupo de gente creía. Esta duda se extendía hasta el final y le daba al film un pequeño toque de sofisticación que generaba un atractivo contraste con la diversión más básica, pero efectiva, de un festival de tripas. La resolución le quitaba a la secuela la opción de jugar entre lo siniestro real y lo fantástico. Boda sangrienta 2 empieza exactamente en donde terminó la original. Grace, interpretada por la magnética Samara Weaving, con su vestido de novia todo ensangrentado, sale al jardín a fumar un cigarrillo, mientras la mansión de su familia política se incendia. La joven novia es trasladada al hospital, donde la policía quiere interrogarla por las muertes sucedidas luego de su boda, de las que es la única sospechosa. Allí la visita su hermana menor, Faith (Kathryn Newton), con quien no se ve desde hace años y su relación está dañada por un conflicto del pasado. La rencilla familiar tendrá que esperar, porque pronto aparece un hombre que quiere matar a Grace. Los juegos, parece, recién empiezan. Mejor no contar mucho más de la trama, que se enreda con personajes y giros delirantes. Las escenas son impactantes y divertidas; los realizadores fueron por un tono de comedia de terror y lo consiguen. Lo que se extraña es cierta simpleza de la primera, en la que se establecía la situación y empezaba la cacería. El misterio estaba en si la protagonista lograría sobrevivir y si la maldición de la familia era real o una tradición psicótica. En la secuela, en cambio, hay personajes secundarios demasiado ridículos, interpretados en ese mismo tono. La película gana cuando se centra en los enfrentamientos entre Weaving y Newton, contra Sarah Michelle Gellar y Shawn Hatosy. Las reglas complicadísimas de una conspiración satánica en la que se apuesta un poder enorme y una resolución en la que lo que está en juego es el orden mundial, en medio del festín de asesinatos, resulta tan enmarañada que pone en riesgo la atención del espectador. Por otro lado, Bettinelli-Olpin y Gillett (responsables de la renovación de Scream 5 y 6) logran secuencias realmente poderosas e imágenes cautivadoras. El espíritu lúdico que ya habían demostrado en la primera parte, tiene aquí un condimento extra con la demostración del amor de los directores por el género, expresado en la inclusión de figuras ícono, de distintas generaciones y estilos, como Elijah Wood, quien además de actor es un prolífico productor de terror independiente; la caza vampiros y ex scream queen adolescente, Sarah Michelle Gellar; y uno de los grandes cineastas del horror, David Cronenberg.