Boca ganó sin refuerzos, los mismos problemas y una idéntica receta salvadora: la pelota parada
2026-01-26 - 00:04
Las mismas caras, los mismos problemas, las mismas respuestas: un nivel colectivo que no termina de aparecer, un gol de pelota parada como recurso habitual y una atajada salvadora de Agustín Marchesin para calmar la impaciencia. El año nuevo trajo más de lo mismo para el Boca de Claudio Ubeda, que superó el primer examen del torneo con cierta autoridad, aunque lejos de la imagen que pretenden los hinchas y de la que habló el propio presidente, Juan Román Riquelme, en la semana, cuando afirmó que el equipo estaba “en deuda” y que este debía ser el año en el que empezaran a darles alegrías. Boca pareció gastarse todos los cartuchos en la primera media hora, en la que maniató a Riestra, generó varias situaciones de peligro y acumuló media docena de córners, el arma letal del Boca de Ubeda. El equipo mantuvo el esquema del verano (4-3-3), pero con un solo wing clásico -Exequiel Zeballos-, un enlace volcado a la derecha -Alan Velasco- y un mediapunta -Lucas Janson- improvisado de número nueve. Y si bien la mayoría de los ataques se gestaron por las bandas, especialmente por la zona izquierda, el ex Vélez casi no entró en juego durante toda la primera mitad. Boca fue de más a menos ante un Riestra que propuso enmarañar el partido desde el comienzo, con despliegue físico, sacrificio y juego brusco, al límite del reglamento. El plantel de Gustavo Benítez, que realizó la pretemporada de madrugada, en las playas de Pinamar, con entrenamiento prácticamente militar, se mostró cómodo en ese rol. Se abroqueló atrás, buscó cubrir el ancho desdoblando la marca por los costados y, aunque la pasó mal durante buena parte del primer tiempo, siempre encontró una pierna salvadora para sostener su arco. El plan de Ubeda funcionó con matices: soltar a Herrera casi como enlace y ganar generación de juego con Velasco, partiendo desde la izquierda e intentando abastecer a Janson. Pero las llegadas más claras llegaron, paradójicamente, por arriba. El español intentó ubicarse a espaldas de los volantes rivales, una zona congestionada en la que le resultó imposible encontrar líneas de pase. Y Velasco tampoco logró pesar. La contracara fue la apuesta de Tomás Belmonte, que pese a su desorden habitual pisó el área de manera constante, llegando incluso a cumplir por momentos el rol del propio Janson, una función que en Boca imaginan para Santiago Ascacibar, el mediocampista de Estudiantes que podría convertirse en refuerzo antes del duelo del miércoles frente al Pincha. Boca movía la pelota de lado a lado al borde del área, pero fallaba en la estocada final. Sin una referencia clara, con Janson apareciendo en cuentagotas y lejos del arco, Boca incluso modificó la forma de ejecutar la pelota parada, con la intención de mover a la defensa de Riestra, generar desmarques y sorprender con algún movimiento impensado. Con esa fórmula generó las chances más claras: cabezazos de Belmonte y Di Lollo y disparo de Blanco al travesaño tras un despeje. El tándem Blanco-Zeballos se fue apagando con los minutos y Boca, ante tantas chances desperdiciadas, se fue diluyendo. En el primer tiempo, la superioridad fue notoria en todos los aspectos salvo en el resultado: Boca tuvo el 85% de posesión, ocho córners, siete tiros libres en campo contrario y nueve remates, pero solo dos al arco. El complemento empezó con la misma tónica, con Boca chocando de manera permanente y sumando el recurso de la media distancia, que tampoco le dio rédito. Paredes tuvo dos tiros libres cerca del área y ambos rebotaron en la barrera. Un gol anulado a Zeballos dejó una de las fotos de la noche, con Janson empujando la pelota con la mano en el primer palo, tal vez la única manera en que, con su 1,71 metro, podía equiparar fuerzas con los defensores del Malevo. Luego fue reemplazado por Iker Zufiaurre, delantero con gol de la Reserva campeona. Como señal de respaldo, la Bombonera les regaló una ovación: a Janson en la previa del partido, en una noche en la que volvió a jugar de nueve tras una década, y al joven de 20 años, al ingresar al campo de juego.