Bella
2026-03-26 - 03:11
Creía que dependía de mí y ahora que ya no está me doy cuenta cuánto yo dependía de ella. Callada –muy rara vez ladraba–, pero siempre atenta, sin embargo cuando tomaba sus decisiones, difícilmente volvía sobre sus pasos. Como cuando siendo callejera –aún sabiendo autogestionarse muy bien su sustento en rotiserías, bares y restoranes que nunca se lo retaceaban– una noche decidió adoptar a una de mis hijas, a la que siguió hasta su casa y ya nunca más se separó de ella ni de su familia, con la que confraternizaba cada verano. Bella vivía muy cerca del mar uruguayo, cuyas playas amaba corretear. Al partir mi hija por trabajo a Lisboa hace casi tres años, Bella se mudó a Buenos Aires y se convirtió en mi sombra (o yo en la de ella). Nos volvimos simbióticos. Recorríamos el barrio religiosamente tres veces al día y viajó conmigo a infinidad de lugares. Pero no había mejor plan para ella que volver una y otra vez a su tierra. Llegaba y se iba sola por ahí largos ratos sin pedir permiso. Siempre volvía. A pesar de que estaba grande y una afección renal la tenía a maltraer esperó a que mi hija regresara y solo después partió. En su Instagram @bella_de_la_barra sigue viva, pero pesa mucho su ausencia.