Así sería la batalla para reabrir el estrecho de Ormuz
2026-03-25 - 19:21
LONDRES.– Donald Trump dice estar en diálogo con los líderes iraníes sobre el fin de su campaña de bombardeos, pero Irán lo niega. Sin embargo, lo que ciertamente está haciendo Trump es preparar una alternativa en caso de que una salida negociada resulte demasiado esquiva. Ya hay dos unidades anfibias de la Infantería de Marina norteamericana en camino al Golfo Pérsico, una desde Japón y la otra desde California, y según algunos informes, pronto las seguirá una división de infantería de élite especializada en asaltos con paracaidistas. Ese despliegue sugiere que Trump evalúa intentar reabrir el Estrecho de Ormuz por la fuerza. Sería una tarea titánica. Irán tiene el estrecho bajo amenaza desde el inicio de la Operación Furia Épica, con el bloqueo del 20% de las exportaciones mundiales de petróleo y gas licuado, entre otros suministros esenciales. Hasta el momento fueron atacado diecinueve buques mercantes, tanto dentro del Golfo Pérsico como en el estrecho y sus inmediaciones. El tráfico marítimo se redujo drásticamente, sobre todo el de barcos vinculados a Irán, provocando fuertes estertores en los mercados de materias primas en particular, y en los mercados financieros en general. El Pentágono parece tener un plan en tres fases para reabrir el estrecho. La primera consiste en localizar y destruir los activos militares iraníes que amenazan el tránsito el estrecho: lanchas rápidas, misiles, drones y minas (los buques de guerra y submarinos iraníes ya parecen haber sido destruidos). El ataque sería básicamente por aire, pero pronto podrían incluir tropas terrestres. La segunda fase consiste en buscar las minas ya plantadas y desminar el estrecho. Finalmente, recién cuando la capacidad de Irán para afectar la navegación haya quedado suficientemente reducida, la Armada norteamericana comenzaría a escoltar a los petroleros a través del estrecho. Cada fase podría durar varias semanas y supondría un riesgo considerable para las fuerzas de Estados Unidos. Irán puede atacar los barcos de muchas maneras: por aire con misiles y drones, por agua con lanchas rápidas cargadas con misiles y explosivos, o incluso bajo el agua, donde acechan minas de todo tipo. Y las milicias y el equipo utilizados en esos ataques están dispersados y escondidos en ensenadas, cuevas y túneles a lo largo de los cientos de kilómetros de costa iraní, lo que dificulta su detección y destrucción exclusivamente desde el aire. En los últimos días, las costas de Irán fueron bombardeadas por aviones de guerra norteamericanos. El 19 de marzo, el general Dan Caine, máximo responsable militar de Estados Unidos, declaró que sus aviones cazas habían lanzado bombas de 2200 kilos para perforar capas de roca y hormigón y demoler búnkeres subterráneos donde Irán almacenaba sus misiles antibuque. Estados Unidos también ha enviado helicópteros y aviones de ataque de vuelo bajo, como el A-10 Warthog —básicamente una ametralladora volante— para acribillar las lanchas rápidas iraníes. Las fuerzas norteamericanas afirman haber dañado o hundido más de 120 buques de guerra y 44 buques minadores iraníes. “Lo que está haciendo Estados Unidos en este momento es bombardear cada cueva, edificio y garaje que pueda alojar estos sistemas de armas”, apunta Bryan Clark, del Instituto Hudson, un centro de estudios de Washington. “Pero es muy difícil eliminar realmente todas las potenciales amenazas”, agrega. Una idea que viene ganando terreno es la de desplegar fuerzas especiales o infantes de marina en islas cercanas al estrecho, para localizar y destruir objetivos ocultos en los terrenos escarpados. Los oficiales militares están evaluando tomar la isla de Kharg, la principal terminal exportadora de petróleo de Irán, o tres islas que están bajo control iraní pero que son reclamadas por los Emiratos Árabes Unidos y se encuentran justo dentro del estrecho. Además de buscar amenazas, las tropas que ocupen esas islas podrían desplegar defensas aéreas de corto alcance para ayudar a proteger el transporte marítimo, señala Mark Cancian, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales. Pero un despliegue de tropas sería arriesgado. Por un lado, estarían al alcance de la artillería iraní, por no hablar de los drones. Además, necesitarían reabastecerse, poniendo a aún más aviones y barcos en peligro. Y su presencia incluso podría redundar en pocos beneficios. Los drones iraníes Shahed-136 tienen más de 1500 km de autonomía de vuelo, así que pueden alcanzar cualquier punto del estrecho o del Golfo desde prácticamente cualquier lugar de Irán. La remoción de las minas sería igualmente peligrosa. Hay informes contradictorios sobre la presencia o no de minas en las aguas de Ormuz, pero las empresas navieras, lógicamente, no quieren correr riesgos. Antes del inicio de la guerra, se estimaba que Irán tenía almacenadas alrededor de 6000 minas de distintos tipos, incluyendo minas boyantes justo debajo de la superficie que estallan al ser tocadas por un buque, así como dispositivos más avanzados que se asientan en el lecho marino y se activan con las señales magnéticas o acústicas que emiten los barcos. Si bien Estados Unidos ha hundido muchos de los buques minadores de Irán, para el plantado de minas también se pueden utilizar buques comerciales o pesqueros. “Cualquier nave puede ser usada como barco minador”, señala James Foggo, un almirante retirado de la Marina norteamericana. La Armada de Estados Unidos le resta importancia a la guerra con minas desde hace mucho tiempo. En enero, en un momento más que inoportuno, desmanteló sus últimos buques desminadores de clase Avenger que tenía en bases del Golfo Pérsico. Dos de los tres buques que los reemplazaron, “buques de combate litoral” equipados para el desminado, no se encuentran en el Golfo y deberían desplazarse desde Asia. Al llegar, pueden desplegar helicópteros con sistemas de detección aérea y drones submarinos capaces de buscar y desactivar minas. Sin embargo, estos sistemas aún no se han utilizado en combate y durante las pruebas sufrieron una serie de fallas técnicas. Según Clark, del Instituto Hudson, despejar el estrecho podría llevar entre una y tres semanas, y agrega que en algún momento el gobierno norteamericano tendrá que tomar medidas drásticas y comenzar a escoltar buques sin la certeza absoluta de que todas las amenazas hayan sido eliminadas. Escoltar a los petroleros a través del estrecho sería la fase más compleja y peligrosa de la operación, además de potencialmente infinita. Los convoyes de barcos necesitarían de la asistencia de decenas de drones, helicópteros de ataque y cazabombarderos que sobrevuelen la zona en círculos para protegerlos, así como aeronaves de alerta y control aéreo para detectar misiles y drones entrantes. Los buques de escolta utilizarían cañones de corto alcance o sistemas de guerra electrónica para neutralizar los drones entrantes, y contra los misiles usarían interceptores, que son más costosos y escasos. Los expertos marítimos calculan que la Armada norteamericana necesitaría un destructor por cada dos petroleros cisterna, dada la proximidad con la que navegarán por al angosto pasaje del estrecho de Ormuz. Actualmente, Estados Unidos tiene 14 destructores desplegados en la región, pero seis de ellos están ocupados protegiendo los portaaviones. El despliegue de más destructores en el Golfo podría tardar semanas y restaría aún más fuerzas norteamericanas de otras partes del mundo, como Asia. Si bien los aliados de Estados Unidos podrían estar dispuestos a ayudar, la mayoría se viene resistiendo a enviar sus buques mientras dure la guerra. Sería una misión extremadamente costosa para cualquiera que se la propusiese, y en el caso de Estados Unidos y sus aliados, terminaría de consumir sus ya mermadas reservas de municiones antimisiles. Para colmo, la propia geografía del estrecho entraña problemas. Rodeado de montañas y con apenas 50 km de ancho en su punto más angosto, los buques de guerra norteamericanos tendrán poco tiempo para detectar y interceptar los misiles y drones iraníes. Además, para mantener una formación cerrada con los buques que escoltan, tendrán que realizar complejas maniobras navales en aguas de fuertes corrientes. Y todo eso suponiendo que existan empresas navieras dispuestos a afrontar esos riesgos... En los últimos años, la Armada norteamericana extrajo una valiosa experiencia de su combate contra los hutíes, una milicia proxy de Irán en Yemen, señala Foggo. Pero el arsenal iraní es más sofisticado que el de los hutíes, y su determinación podría ser mayor, ya que el régimen de los ayatollahs está luchando por su supervivencia. “Con ese propósito es que vienen reservando recursos desde hace décadas”, apunta Clark. “Y mientras nosotros estemos dispuestos a seguir con la guerra, ellos van a seguir con la guerra”. Traducción de Jaime Arrambide