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Arquería: la práctica milenaria que trabaja la concentración y precisión

2026-03-20 - 20:00

El sonido es seco, pero definitivo. La flecha abandona la cuerda, cortando el aire para terminar con un impacto sólido en el centro del blanco. En ese trayecto de apenas un instante se resume una historia milenaria. Se sabe, el tiro con arco nació como una herramienta indispensable para la caza y la guerra, y con el paso del tiempo se ha convertido en una disciplina que oscila entre el rigor del programa olímpico y la introspección de una actividad recreativa. Access bars: la terapia no invasiva que “resetea” el cerebro y disminuye el ruido mental En la Argentina, ha crecido de forma sostenida desde mediados del siglo pasado, dividido en dos grandes vertientes. Sofía Braco, representante de Prana Archery e integrante de una familia pionera en la disciplina a nivel nacional, define con claridad estas aguas: “La arquería tradicional se caracteriza por el uso de arcos sin sistemas mecánicos complejos ni ayudas electrónicas, priorizando la técnica, la sensibilidad y la conexión directa entre el arquero y el tiro. Por otro lado, la deportiva incluye modalidades reglamentadas, como el tiro olímpico, donde se compite bajo normas estrictas en cuanto a distancias, puntuación y equipamiento”. El desarrollo organizado de la arquería en nuestro país comenzó a tomar forma en la década de 1960. Surgió de un pequeño núcleo de entusiastas que se reunía en la zona norte de Buenos Aires, lo que eventualmente daría origen a la Asociación Argentina de Arquería. En este contexto, aparece la figura de Carlos Braco, referente de la arquería local. “Uno de los grandes pioneros fue mi padre, quien comenzó a fabricar sus propios arcos en 1964 sin saber que la arquería ya se practicaba formalmente en otros países”, relata Sofía, continuadora de ese legado histórico. Junto a Víctor Arango, Carlos Braco trabajó incansablemente en la fabricación de palas laminadas con madera y fibra de vidrio, una innovación técnica que permitió que el primer núcleo de arqueros argentinos tuviera herramientas competitivas de fabricación nacional. En 1972, este esfuerzo se vio coronado cuando Braco integró el equipo argentino que obtuvo el primer Campeonato Sudamericano organizado por Brasil, marcando un hito fundacional para el deporte en el país. Sofía recibió su primer arco como regalo en la infancia, y al crecer dentro de una familia vinculada a este deporte, su primer contacto fue natural. “Mi papá compitió en tiro olímpico y obtuvo numerosas medallas. Con el tiempo, empecé a practicarlo yo misma y, para mí, es una actividad recreativa que me permite dispersarme, relajar la mente y compartir momentos. Es un espacio de concentración, pero también de conexión y disfrute”. La técnica: la búsqueda del movimiento perfecto Dominar el arco requiere de una secuencia que exige coordinación absoluta. “La técnica incluye la postura, la detección del ojo dominante, la toma del arco, las referencias faciales y de estabilidad, la alineación corporal, la dirección del apuntado, la respiración y la liberación de la cuerda”, explica José María Vildoza, representante de Punto Feliz Arquería, instructor y facilitador de experiencias con arco y flecha, cuya formación comenzó en 2000 como entrenador de alto rendimiento con capacitación vinculada al Comité Olímpico Internacional (COI), quien asegura que la técnica básica se apoya en una estructura rítmica y repetible. “Cada tiro busca parecerse al anterior, como una secuencia rítmica donde el cuerpo aprende a actuar con economía de esfuerzo”, apunta. Braco complementa esta descripción desglosando la secuencia en pasos críticos: postura, empuñe, anclaje, apertura, alineación, suelta y seguimiento del disparo. Según la especialista, la diferencia reside en el uso de la tecnología: mientras que en las modalidades instintivas el arquero depende de la coordinación ojo-mano y la repetición del gesto técnico, en el tiro olímpico se utilizan referencias visuales y sistemas de mira para maximizar la precisión matemática. Concebido como una extensión de los brazos y la vista del tirador, el equipamiento básico se compone del arco (que puede ser tradicional, recurvo u olímpico, o compuesto), las flechas, el protector de antebrazo y un tab o guante para proteger los dedos al tomar la cuerda. En el ámbito deportivo de alto rendimiento, se suman estabilizadores y miras de alta precisión. “En propuestas recreativas se utilizan arcos livianos y materiales adaptados para facilitar el aprendizaje y garantizar la seguridad. Se puede empezar desde el primer día con arcos supermodernos o muy básicos; lo importante es la vivencia conducida”, sigue Vildoza, quien actualmente gestiona escuelas y propuestas recreativas en el AMBA. La filosofía del aquí y ahora Respecto de su vínculo con la espiritualidad, es inevitable la referencia al libro Zen en el arte del tiro con arco, de Eugen Herrigel, donde se describe el kyudo japonés como una práctica donde desaparece la intención consciente de “acertar”. “Cuando una persona deja de forzar el resultado y se concentra en el proceso —respirar, pararse, tensar, soltar— el tiro fluye mejor, ya que la mente ‘para’. En ese momento, el arquero no está haciendo fuerza para acertar, sino permitiendo que el gesto ocurra. Presente en el hacer, en el aquí y ahora. Ahí aparece algo muy valioso para la vida cotidiana: aprender a estar presente, sin apuro ni exceso de control”, reflexiona Vildoza. Por su parte, Braco coincide en que esta integración es vital también en la competencia de alto estrés: “Incluso en la modalidad olímpica, el momento del disparo requiere un estado de concentración profunda donde la tensión consciente debe desaparecer. Cuando el arquero fuerza el disparo, el resultado suele ser menos preciso. El disparo óptimo ocurre cuando la ejecución fluye sin interferencia mental excesiva”. La verdura rica en calcio y vitamina K recomendada para mayores de 60 años Más allá de la competencia, la arquería se consolida como una herramienta de bienestar. Al no tener requisitos físicos excluyentes, se convierte en una de las actividades más inclusivas del espectro deportivo. “No hay requisitos físicos excluyentes. Pueden practicarlo adultos, adolescentes y niños, siempre bajo supervisión”, afirma Braco. “Hoy entiendo al arco como una herramienta de bienestar. Muchas personas llegan buscando algo distinto y se encuentran con un espacio de pausa, atención y conexión corporal”, concluye Vildoza. Los beneficios para la salud Físicos: mejora la postura, desarrolla la coordinación motriz y fortalece la musculatura dorsal, de los brazos y los hombros. Mentales: trabaja la concentración y el enfoque, reduce el estrés, ayuda en la regulación de la respiración y enseña la gestión de la frustración y el autocontrol emocional. Sociales: en contextos grupales, Vildoza destaca que suma un fuerte componente de encuentro, cooperación y disfrute compartido.

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