Amado y odiado. El prolífico y controversial productor de Hollywood que se convirtió en el enemigo de la familia Kennedy
2026-03-22 - 03:10
Desde hace tiempo Ryan Murphy se ha convertido en sinónimo de polémica. Sus ficciones, ya desperdigadas por varias plataformas donde oficia de creador, showrunner o, por lo menos, productor ejecutivo –cuando además no concentra los roles de guionista y director–, no dejan de levantar polvareda apenas se estrenan, sin importar las buenas o malas críticas. A veces, sin siquiera convertirse en un fenómeno de público, logra colarse en la conversación pública generando comentarios en redes sociales, memes, hashtags, y menciones ad infinitum, a menudo motivadas más por el enojo o la repulsa que por el halago y la celebración. Y a ello se suman las quejas de los involucrados, sean los Kennedy, los familiares de las víctimas del carnicero de Milwaukee, la comunidad trans o los admiradores del musical, todos ofendidos por la estrategia provocadora del productor que siempre logra lo que quiere. Estar en el centro de la escena. La verdad es que no es fácil conseguirlo en estos tiempos. Mucho contenido en plataformas dando vueltas genera que todo dure en agenda lo que un suspiro y tras unos días de viralización la conversación cambia de eje y pasa al escándalo que sigue. Aún en estos tiempos de discusiones efímeras, Murphy ha logrado estar siempre ahí, en el ojo de la tormenta. Y ello se debe no solo a que su mirada sobre el tema que aborde, sea el trágico romance Kennedy-Bessette, emblema de la Nueva York de los 90 y fetiche del recuerdo de la Generación X, o la carnicería de uno de los asesinos seriales más despiadados como fue Jeffrey Dahmer, cuyo morbo se ha exacerbado ya desde la cobertura mediática de su época, es provocadora, dando lugar a innumerables aristas que contravienen el buen gusto y el decoro, sino a que no para de producir. No hay año en que no tengamos una, dos y hasta tres series en las que su nombre aparece en los créditos. Productor todo terreno En lo que va de 2026 ya estrenó Love Story: John Kennedy Jr. y Carolyn Bessette y Belleza perfecta, una mirada satírica sobre el anhelo contemporáneo de belleza y juventud, en la línea de La sustancia (2024) de Coralie Fargeat, de la que resulta más que un homenaje, casi una imitación llevada al paroxismo (si es que eso es posible después de ver la original). Pero, además, produce la novena temporada de 9-1-1 (2018), concentrada en la tarea de un grupo de paramédicos que atiende emergencias en la ciudad Los Ángeles, protagonizada por Angela Bassett, Oliver Stark y Jennifer Love Hewitt, y uno de sus spin-off, 9-1-1 Nashville (2025), con la misma premisa, pero ambientada en Tennessee y protagonizada por Chris O’Donell y Jessica Capshaw. En ese ramillete de derivaciones, al año pasado concluyó 911 Lone Star (2020-2025), en la que Rob Lowe interpretaba a un bombero de Nueva York que era destinado a Texas para comandar un equipo de emergencias. Este concepto ‘multitareas’ de Murphy no parece agotarlo y su carácter visionario le ha permitido no solo estar presente en las pantallas de Netflix, Hulu, FX (estas dos últimas señales disponibles aquí a través de Disney+) y la cadena ABC, sino también convocar a grandes nombres como Ewan McGreggor (Halston), Gwyneth Paltrow, (The Politician), Naomi Watts (Love Story, Todo vale, Feud), Jessica Lange (American Horror Story, Feud), Chloë Sevigny (Feud, Monster), Susan Sarandon (Feud), Glenn Close (Todo vale), Isabella Rossellini (Belleza perfecta), Demi Moore (Feud), Catherine Zeta-Jones (Feud); estrellas pop o personalidades mediáticas como Lady Gaga (American Horror Story), Kim Kardashian (American Horror Story, Todo vale), Bella Hadid (Belleza perfecta) o Teyana Taylor (Todo vale); actores largo tiempo desaparecidos como Ashton Kutcher (Belleza perfecta) o Chris O’Donnell (9-1-1 Nashville); y estrellas de los 80 como Rob Lowe (9-1-1 Lone Star), Nathan Lane (Mid-Century Modern), Molly Ringwald (Feud), Don Johnson (Doctor Oddysey); además de sus actores fetiche como Evan Peters, Sarah Paulson o Darren Criss. En materia de géneros y formatos, Murphy tampoco está dispuesto a dejar territorio sin conquistar. A lo largo de su trayectoria ensayó la comedia negra, el horror slasher, la sátira política, la biopic de celebridades, el musical adolescente, el true crime, el melodrama kitsch, las historias de deportistas, las sagas médicas, al mismo tiempo que produjo ficciones y documentales sobre el mundo queer cristalizando uno de los intereses recurrentes de su producción, al igual que de su figura pública. En esa sintonía produjo para Netflix dos documentales, uno en el 2021 sobre la organización Pray To Remove Gays, una ONG denunciada por sus abusivas terapias de “conversión”, y A Secret Love (2020) sobre la relación de dos mujeres lesbianas en los años 50; la miniserie Los diarios de Andy Warhol (2022) sobre la vida y obra del padre del arte pop; y ficciones como Mid Century Modern (2025), sobre tres amigos gays en su retiro en Palm Springs que se ven envueltos en un crimen, Pose (2018-2021) sobre la comunidad LGTBQ en la Nueva York de finales de los 80, y The New Normal (2012-2013) sobre una madre soltera que decide alquilar el vientre para una pareja gay que quieren ser padres. Dispuesto para la polémica En el largo camino de Murphy en la televisión, que comenzó a fines de los años 90 con la serie Popular (1999-2001), una historia de rivalidad adolescente y gags de estudiantina, la controversia parece tocar a su puerta a cada paso, sea buscada o no. Cuando hizo Nip/Tuck (2003-2010), uno de sus primeros éxitos para Fox y cimiento de su fama, el detalle casi morboso de las cirugías estéticas que practicaban dos heterodoxos médicos de Miami causó malestar en un sector de la crítica; Glee (2009-2015) levantó polvareda por la apropiación del musical en una clave irreverente y posmoderna –además de los sucesos trágicos que rodearon al elenco–; Hollywood (2020) ofendió a más de uno con su retrato efectista y provocador de la industria cinematográfica en los años 40; Feud (2017-2024) cargó las tintas en el retrato de la legendaria enemistad entre Joan Crawford y Bette Davis, y en su segunda temporada vistió a Truman Capote de un revanchismo oportunista que se nutrió del mundillo de la alta sociedad de Park Avenue para escribir Plegarias atendidas. También American Crime Story (2016-2021) causó escándalo con los casos de O.J. Simpson, por sus implicancias raciales en plena campaña de Donald Trump para su primera presidencia, y de Gianni Versace, por su inadecuación histórica; y Monster (2022-2025) despertó airadas respuestas de las víctimas de asesinos como Dahmer o Ed Gein. Y el año pasado con Todo vale, un drama legal centrado en un prestigioso estudio de abogadas en el que aparece Kim Kardashian... ¡como protagonista!, consiguió las peores críticas de toda su carrera y una masiva legión de espectadores enfurecidos pero que no podían dejar de mirarla (de hecho, el hate-watching que le valió la renovación para una segunda temporada). Las recientes polémicas llegaron con las nuevas series de esta temporada, Love Story y Belleza perfecta. Esta última tuvo críticas mixtas con insistencia en su relación evidente con La sustancia y todo un linaje de copias del body horror del canadiense David Cronenberg, mientras Love Story encendió la ira en dos frentes ajenos al terreno del streaming: la política y la moda. Y es comprensible, Murphy arremetió contra uno de los mitos más duraderos de la historia de los Estados Unidos, el de los Kennedy. John John había quedado inmortalizado como ese niño de apenas tres años que despedía a su padre asesinado cuando era presidente, y en los 90 se reinventó como el príncipe de ensueño, con muchas novias y muchos problemas académicos. Su romance con Carolyn Bassette, ejecutiva de Calvin Klein por entonces, se convirtió en el blanco de los flashes de toda la prensa, y la muerte de ambos, jóvenes y hermosos, en un eslabón más en la trágica historia de Camelot. Echar mano a ese mundo era arriesgado, y Murphy no lo hizo con sutileza: su retrato no solo exprimió el trasfondo de la figura de John John, su inmadurez afectiva, sus traspiés laborales, y su persistente condicionamiento al apellido, sino que en la figura de Bessette desarmó su imagen de Cenicienta rubia e ícono de la moda para contar sus amores con un modelo y su ambición en la firma de moda. Las primeras fotos de la miniserie despertaron la ira de los fanáticos de Bessette, quienes objetaron desde la elección del vestuario y las carteras hasta el color de pelo de la actriz Sarah Pidgeon, demasiado “amarillo” y no el rubio hielo de la original. Luego llegaron los enojos de los Kennedy. “Si quieren conocer a alguien que no conoce nada de mi familia, que no sabe nada de nosotros, hablen con Ryan Murphy”, respondió Jack Schlossberg, sobrino de John Kennedy Jr., cuando le preguntaron al respecto durante una entrevista en la CBS días después del estreno de Love Story. Ya en junio del año pasado, el hijo de Caroline Kennedy afirmó que no se había consultado a la familia Kennedy sobre el proyecto y que consideraba “grotesca” la forma de lucrar a costa de su difunto tío. Schlossberg, quien se postula al Congreso por el distrito 11 de Nueva York, agregó que “hay mucha desinformación y se está utilizando iconografía sobre la familia Kennedy en un momento en el que no podemos permitirnos confundir a la gente”. En ese sentido se refería al nuevo bautismo del Centro Kennedy con el apellido Trump, al impulso a una controvertida investigación sobre el magnicidio, y al desmantelamiento de muchos programas impulsados por los demócratas. El “imperialista del streaming” “El imperialista del streaming” lo bautizó Doreen St. Félix, crítica de The New Yorker, agregando que “repite sin cesar telenovelas estereotipadas sobre género y poder en el país”. La mirada sardónica no es en vano, sino que tiene como punto de partida una entrevista a Murphy realizada en el podcast Este es Gavin Newsom a cargo del gobernador demócrata de California. Según aclara St. Félix, en la entrevista con Newson, Murphy apenas pudo ocultar su resentimiento por lo que percibe como una especie de privilegio aristocrático de los Kennedy y su respuesta a las críticas de Schlossberg fue decididamente “cruel”, señalando que era una “reacción extraña” el estar enojado por un pariente que ni siquiera recuerda. Por lo visto, Murphy no se echó atrás por las críticas, aunque sí ajustó el equipo de producción –en materia de vestuario, accesorios y teñido del cabello– para no despertar la ira de los cultores del “estilo Bessette”. Como confirma St. Félix, Bessette “es hoy objeto de amor por parte de una legión póstuma de admiradores. Pero son más que admiradores. Son custodios del mito (...) una escuela ya consolidada y poco conectada de blogueros, imitadores y analistas legos de la huella pública de Bessette, concretamente de su estilo minimalista de los noventa”. Murphy atendió las críticas –según le confirmó a Newson, también– pero su descaro no mermó. “Dado que se trata de otro producto de Ryan Murphy –creado en este caso por Connor Hines–, no debería sorprendernos descubrir que la mayoría de los espacios en blanco se llenan con riñas, angustias privadas y escenas que podrían servir como anuncios de larga duración para un perfume de diseñador”, escribió la crítica de Salon, Melanie McFarland. A la hora de repasar la obra de Murphy desde sus inicios como creador, los hitos que verdaderamente importan son: la inventiva de su larga saga American Horror Story (2011-2024), que encontró en la parábola política de la temporada ‘Cult’ una de las miradas anticipatorias de la era Trump; la primera American Crimen Story dedicada al caso O. J. Simpson, con interpretaciones deslumbrantes de Sarah Paulson y Sterling K. Brown; la primera temporada de Feud con la sátira sobre el rodaje de ¿Qué paso con Baby Jane? y notables trabajos de Jessica Lange y Susan Sarandon; algunos logrados episodios de Glee y el hallazgo de la voz de Lea Michele; la audacia de Pose; y la impronta aterradora de los mejores momentos de Monster en su primera temporada dedicada a Jeffrey Dahmer, más allá de no ser apta para estómagos sensibles. Sin embargo, aún en sus series fallidas como Ratched (2020) o Halston (2021), Murphy ha sabido tocar las cuerdas adecuadas para conseguir buenas interpretaciones, momentos impactantes, algún destello de una escena inolvidable. Sus homenajes a las divas de todos los tiempos, sean las estrellas del melodrama clásico como Bette Davis o Joan Crawford, o las reinas del grito que celebró en Scream Queens (2015-2016), fueron siempre honestos y sentidos, aún en su excesivo barroquismo. La perfección no es su fuerte, pero esa incansable dedicación a internarse en terrenos farragosos, propuestas incómodas y personajes desagradables, lo ha destacado de otros creadores multifacéticos que prefieren cerrar su pequeño nicho y cultivar sus productos elegidos con prudencia financiera. Murphy arriesga, batalla, casi siempre gana, a veces pierde, pero nunca se desmoraliza y lo sigue intentando. Su éxito es quizás una garantía de que ese tesón tiene su paga, aún con las críticas y los desprecios con los que ha lidiado desde siempre. Será cuestión de ver qué sigue y estar atentos a la próxima polémica.