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A la espera del verdadero boom del agro que, algún día, llegará

2026-03-28 - 09:10

La Real Academia Española define a la palabra boom, en su primera acepción, como “éxito o auge repentino de algo”. Más cerca del tono autocelebratorio que de la precisión lingüística, el ministro de Economía, Luis Caputo, expresó en la red social X esta semana que el agro “está en un boom absoluto y va a ser, como siempre, un motor clave para el crecimiento económico en los próximos años”. Piso de US$150.000: advierten que un requisito del RIMI deja afuera inversiones del campo El funcionario presentó el martes pasado en la red social X una proyección sobre distintos escenarios de precios de los principales granos y de divisas que podrían generarse desde el agro para 2026 y expresó que, en una visión de máxima, el agro aportaría unos U$42.000 millones por el incremento de US$8700 millones en los ingresos por exportaciones respecto del año pasado. Caputo, que no precisó el origen de las proyecciones, expresó: “Todos hablamos del potencial de la energía y la minería, pero pocos reparan en la extraordinaria reacción de nuestros productores agropecuarios a las bajas de impuestos que hemos hecho a las exportaciones (retenciones) e importaciones (aranceles a bienes de capital, herbicidas, equipos de riego, permiso para importar maquinaria usada, etc)”. Dos días después de esa afirmación pública, la Sociedad Rural Argentina (SRA) recogió el guante y respondió “Es el momento de avanzar con firmeza hacia un cronograma de eliminación definitiva de los Derechos de Exportación (DEX), cuya persistencia actúa como un techo al desarrollo pleno de las fuerzas productivas”. La entidad que preside Nicolás Pino celebró que el país “reciba estos miles de millones adicionales, pero hoy el esfuerzo del que arriesga se agota en cubrir costos récord y presión fiscal” y recordó que “El campo ya demostró que, con previsibilidad, responde” y reafirmó que “la eliminación de las retenciones será el acelerador definitivo para que la Argentina exprese su máximo potencial agroindustrial”. En campaña electoral, Javier Milei prometió la eliminación de retenciones, pero nunca puso una fecha precisa. El antecedente de Mauricio Macri que luego de la crisis financiera de 2019 tuvo que poner en pausa su intención de llevarlas a cero dio argumentos suficientes para recurrir a la ambigüedad. Aún así, el libertario fue el único candidato que habló de eliminación. Ya como presidente, fue disponiendo de diferentes bajas para los Derechos de Exportación, pero no puede decirse que tenga una hoja de ruta previsible. Tuvo un timing político cuando anunció una baja en la Exposición Rural de Palermo del año pasado, una urgencia económica cuando necesitó US$7000 millones para obtener el apoyo de los Estados Unidos, con la reducción temporal a cero, y la sorpresa más reciente, en diciembre pasado, cuando la suerte de los cultivos estaba echada. En otras palabras, la nueva baja de los DEX puede aparecer el Boletín Oficial un día cualquiera o ser anunciada por la red social X. Aunque varias de las medidas explicadas por el ministro, y otras como el levantamiento de la intervención del Estado en el mercado, contribuyeron a mejorar las perspectivas de inversión, lo cierto es que hay otras cifras que exhibe hoy el agro que no corresponden a una actividad que estaría viviendo un “boom”. La más evidente es el área sembrada con soja que decreció en 800.000 hectáreas entre la campaña 2024/25 y la 2025/26 y exhibe al cultivo que genera más ingresos de divisas por exportaciones con un notorio estancamiento productivo. Solo si el tiempo acompaña se superarán los 50 millones de toneladas en este ciclo. Se entiende: el Estado se queda casi con un camión de soja de cada cuatro que van al puerto. Es cierto que, cuando asumió Milei, se quedaba con uno de tres, prácticamente. Pero la presión impositiva sigue siendo alta y erosiona un punto clave de la competitividad: la relación insumo-producto. No es casual que con una menor carga fiscal haya crecido la producción de maíz y girasol. Además, el contexto internacional vuelve a poner presión sobre los costos, particularmente de los combustibles y de insumos clave como los fertilizantes. Esta semana, la Bolsa de Cereales de Córdoba proyectó una baja en la intención de siembra de trigo de 3% respecto del ciclo pasado, aunque todavía se encuentra en niveles altos respecto del promedio de los últimos años. Siempre es bienvenida una dosis de optimismo. Y de hecho el campo lo es, porque todos los años, en forma silenciosa, invierte US$20.000 millones para la campaña agrícola. Pero la moderación también puede ayudar a corregir lo que todavía está mal.

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