A cien días, el Mundial de Trump no anuncia clima de fiesta universal
2026-03-04 - 10:43
El mismo sábado que Estados Unidos e Israel iniciaron su bombardeo sobre Irán, dirigentes del fútbol discutían cómo agilizar el juego del próximo Mundial en una mansión galesa del siglo XVII. En el Castillo de Henson, los dirigentes de la FIFA y de la IFAB (International Football Association Board) establecían que los saques de meta y laterales no deberán demorar más de cinco segundos. Y los cambios, no más de diez. Prohibirán también que jugadores rivales se hablen tapándose la boca y permitirán que el VAR intervenga en segunda tarjeta amarilla y en corners mal concedidos. Más tarde, cuando las bombas comenzaron a explotar en otras ciudades de Medio Oriente, el fútbol siguió debatiendo en la mansión cómo hacer un juego más justo. El castillo neogótico de Gales tiene una famosa destilería de gin. En 2005 sirvió a la BBC para filmar un episodio televisivo llamado “Tercera Guerra Mundial”. En esa misma noche del sábado, el show de “Saturday Night Live”, de la NBC, abrió con “el presidente Donald Trump” (parodiado por el actor James Austin Johnson) deseándole a los televidentes una “feliz Tercera Guerra Mundial”. “Trump” se presentó como el Premio FIFA y Premio Nobel de la Paz, dijo que los ataques comenzaron luego de que su Junta de Paz y él mismo se declararon “aburridos de la paz” y que Irán “está desde hace quince años a dos semanas de desarrollar un arma nuclear”. Y que él, es cierto, había prometido en campaña que no iniciaría guerras, pero que ahora lo hacía porque ni siquiera sabe qué hará mañana. Al show de la NBC fueron invitados los hermanos Quinn y Jack Hughes, héroes de la selección de hockey sobre patines que, unos días antes, venció a Canadá y se coronó en los Juegos de Invierno en Italia, primer triunfo olímpico desde la victoria mítica en los Juegos de 1980 ante la URSS, años de Guerra Fría. En el vestuario eufórico, el director del FBI, Kash Patel, con una medalla olímpica colgada en su pecho, se bañó en alcohol con los campeones y puso en altavoz a Trump, que invitó al equipo a la Casa Blanca (y aprovechó para burlarse del equipo femenino, también campeón olímpico). Después del Salón Oval, los campeones fueron ovacionados de pie en el Congreso. “Nuestro país”, los presentó Trump, “está ganando de nuevo. Estamos ganando tanto que realmente no sabemos qué hacer al respecto. La gente me pide: ‘por favor, por favor, por favor, señor presidente, estamos ganando demasiado. Ya no podemos soportarlo. No estamos acostumbrados a ganar en nuestro país. Hasta que usted llegó, siempre perdíamos, pero ahora, estamos ganando demasiado’”. “Emocionar a una nación” y “celebrar” en la Casa Blanca y en el Congreso, dijo una crónica en The Athletic, sería normal en otros tiempos, “pero este no es un presidente neutral” y “los jugadores deberían reconocer que, en este clima, la celebración se convierte fácilmente en capital político”. Son “adultos”. Saben que su victoria es usada como “propaganda” y que mientras ellos celebran, “los políticos calculan”. Y esto, añadió el informe “aplica a todos los equipos deportivos importantes”, alusión aparente al Inter de Miami de Leo Messi que, posiblemente, también celebre la semana próxima en la Casa Blanca su título de la MLS. “No dejes que Trump arruine el Mundial”, escribió días atrás Simon Kuper, uno de los escritores más importantes de los últimos tiempos en el análisis global del fútbol. Presente en nueve Copas, en su ambiente de fiesta universal, que vio “hasta en Rusia 2018”, Kuper dijo que el Mundial 2026 tiene sin embargo un mensaje de “odio” a los extranjeros por parte del gobierno de Trump. Británico crecido en los Países Bajos, amante de Estados Unidos, casado con una estadounidense, Kuper afirma que jamás vio a tantos europeos “antiamericanos como hoy” y que Trump se convirtió en un “problema global” por sus bombardeos, guerras arancelarias, amenazas, fanfarronería, recortes humanitarios y policía ICE. “En lugar de cancelar la Copa del Mundo”, dijo Kuper, “deberíamos eliminar al señor Trump de ella”. A solo cien días del inicio, hay obras inconclusas, seguridad jaqueada y fiestas canceladas porque los fondos del Mundial están paralizados. El relato naturaliza ya que Irán, clasificado a la Copa, parte del Grupo G, no jugará el Mundial y será reemplazado por alguna nación vecina, pese a que Trump se comprometió oficialmente en una carta de 2018 a que respetaría el ingreso de todos los deportistas. Pero su palabra hoy vale nada, y la FIFA de Gianni Infantino ya directamente se convirtió en “facilitador, participante activo de la maquinaria publicitaria” de Trump, escribió Barney Ronan en The Guardian. En pleno Mundial, Estados Unidos celebrará el 4 de julio el aniversario 250 de su independencia. Pero unas semanas antes, el 14 de junio, Trump festejará sus 80 años de vida. La fiesta incluirá a los luchadores de las artes marciales mixtas tirándose trompadas y patadas dentro de una jaula en los jardines de la Casa Blanca. Al día siguiente, indica todavía el fixture, Irán debería debutar en la Copa contra Nueva Zelanda. “La guerra y la paz”, escribió David French escribía en The New York Times, “no pueden dejarse en manos de un solo hombre, y menos de este hombre”. El Mundial de la FIFA tampoco.